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Elegir o no elegir, esa es la cuestión

Ser o no ser. Mujer con calavera

No te equivoques, hacer más cosas no es ser más productivo ni más eficiente. Qué hagas muchas cosas no significa nada. De hecho, generalmente suele significar aspectos no precisamente positivos en cuanto a claridad de ideas, organización, evaluación de opciones y enfoque.

En una época donde la industria era mayoritariamente del estilo cadena de producción, como por ejemplo los dos primeros tercios del siglo pasado, un mayor número de unidades producidas con el menor coste de recursos posible daba a enteder, a priori, un buen nivel de productividad en un sistema, ya fuese empresa o persona.

¿Crees que ahora es igual?. ¿Qué prefieres: responder a 40 mails que poco o nada aportan a la consecución de tus responsabilidades profesionales o pensar y escribir las líneas maestras que te ayudarán a conseguirlas?. Depende de ti. La diferencia es importante. Son 39 cosas de diferencia que haces más en una opción que en otra. Tú sabrás con que te sientes mejor, pero si prefieres responder 40 emails de poco valor por el simple hecho de que son eso, 40 cosas frente a 1, permíteme decirte que tienes un problema de interpretación de la realidad.

Bueno, es que mi caso es diferente…

Ya. Eres especial. Si te quieres autoconvecer, tu mismo. No vas a ir a ningún sitio así. Hacer más cosas no es ser más productivo. ¿Has llegado alguna vez a casa pensando que has hecho un montón de cosas, pero vaya día más poco productivo que he tenido?.

No estoy diciendo que para ser productivo tengas que hacer pocas cosas. De hecho, la cardinalidad del número de cosas que hagas importa poco o nada. Solo importa la naturaleza de lo que hagas entendiendo las consecuencias que hacer (o no hacer) eso va a tener para ti.

Déjate de historias: elige mejor qué haces… o, mejor, qué no haces

Todo en la vida es cuestión de elección y pocas veces la elección no depende directamente de uno mismo. Incluso la actitud que vayas a tener ante las cosas depende de ti. Si eres de los que no les gusta tomar decisiones, esto no te gustará. Mala suerte. Tienes un problema, porque elegir es tomar decisiones. Y para trabajar de manera eficiente tienes que tomar decisiones. Tienes que elegir que hacer. O mejor dicho, tienes que elegir que no hacer.

No te engañes. Ni a tu jefe. Ni a tu Cliente. Ni a tu pareja. No vas a poder hacer todo lo que tienes o te gustaria hacer. Materialmente no es posible. More stuff than time. Tienes más trabajo que tiempo. Tendrás que dejar cosas sin hacer en algún momento. Asúmelo… y siéntete libre.

La clave de la (buena) elección: un mapa de opciones

Pero no se trata de elegir según sople el viento. ¿Dónde acabarías?. Para elegir tienes que tener claras todas las opciones. Bueno, para elegir no. Pero para elegir y sentirte bien con lo que eliges, o con lo que no eliges, si. Ya lo dice David Allen: “solo puedes sentirte bien con lo que no haces cuando sabes qué es lo que no haces”.

Tener claras todas tus opciones es como disponer de un mapa. Ves los diferentes sitios donde puedes elegir ir, lo cual no significa que tengas que ir a todos ellos. ¿Te imaginas tener, de un vistazo, todas las cosas que puedes o tienes que hacer?. ¿Te imaginas tener un mapa con todas las acciones que puedes o tienes que hacer?. Puede que te generase estrés, ansiedad o mal rollo, pero tendrías en tus manos el timón de la nave. Solo te quedaría dirigirla.

Si no tienes ese mapa, GTD te ayuda a construirlo. Gracias a los hábitos de recopilar, de procesar y organizar dispondrás de todas las opciones que tienes para hacer, y de ese modo poder elegir.

La eficiencia personal en el siglo XXI se cimenta sobre dos pilares: elegir mejor y hacer mejor. Lo segundo sin lo primero es inútil, porque da igual lo bien o mal que hagas algo que no te va ayudar a conseguir tus objetivos. Lo primero sin lo segundo es estéril, porque la simple elección de algo no implica su ejecución. Sin embargo, es lo que antes debes de realizar: elegir qué hacer y qué no hacer, para que una vez que has elegido puedas poner foco en hacer lo elegido de la mejor manera posible.

 

 

 

 

 

 

 

La cuestión primera es, ¿haces las cosas correctas?. Lo segundo que tienes que preguntarte es: ¿las haces correctamente?

¿Estás pensando en aprender GTD?

Ilustración sobre dos señales que señalan en una dirección estrés y en otra relaxCuando te interesas por aprender algo es muy útil tener claro para qué quieres o necesitas hacerlo. En mi experiencia, esto afecta mucho a la hora de establecer los cimientos del compromiso de cara a dedicar tiempo y atención a ese aprendizaje. Además, si aquello que vas a aprender supone una inversión más o menos relevante en recursos (dinero, tiempo, esfuerzo,…) seguro que tener claro para qué lo haces te será de ayuda en esos momentos de baja energía o falta de motivación.

¿Quieres aprender GTD porque está de moda?

Vayamos al asunto de este post.

Puede ser que estés pensando en aprender GTD porque te hayan hablado de ello. O porque te hayan dicho que es la última moda para organizarte y ser más productivo.

Si es así, no tomes tu decisión en base a eso. No caigas en ese error. No hagas como muchas personas y empresas que dedican sus recursos a subirse a la ola de lo que está de moda… sin analizar si le puede ser, de verdad, útil. Aunque te adelanto que GTD es útil. Muy útil.

Puede que GTD esté de moda. O puede que no. Pero eso para ti debe ser irrelevante. Si estas pensando en aprender GTD que sea porque crees que te puede ayudar a solucionar un problema. O varios. O a vivir mejor y más tranquilo. O para desarrollarte personal y profesionalmente.

Desde mi experiencia, mi consejo es que tengas claro para que quieres aprender GTD y lo escribas. Y una vez escrito tenlo a mano. Es un ejercicio de toma de conciencia. Deja las modas al margen.

Entonces, ¿para qué quieres aprender GTD?

¿Ya lo has escrito?. ¿Lo tienes claro?. Bien. Cada uno tenemos nuestras razones para hacer las cosas. Lo que me motivó a mi para aprender y usar GTD puede que no sea lo mismo que te motive a ti. Da igual.

Como usuario posible de GTD en un futuro, algunas de las razones que podrían moverte para dar el paso definitivo de aprender una metodología que funciona y ayuda a tener menos estrés, organizarte mejor y dedicarte a lo que te tienes y/o quieres dedicar podrían ser:

  • Tienes sensación de falta de control en tu día a día. Esa sensación de no llegar a todo…. ¿Te suena?
  • Crees que tienes que organizarte mejor para hacer más cosas, porque hacer más cosas es ser más productivo… Pues va a ser que no
  • El número de cosas pendientes que tienes por hacer no deja de crecer y crecer. Si tienes más cosas que hacer que tiempo para hacerlas, ¿cómo te las vas a arreglar?. Buscando la cuadratura del círculo…
  • Te sientes perdido. No sabes qué tienes que hacer ni para qué lo haces. Modo “según sople el viento” ON.
  • Tu día a día es un continuo batallar contra las urgencias de tu jefe, tus clientes, tu pareja, tus hijos… y tú mismo. Es agotador, leave me alone please…
  • Estrés, estrés y más estrés… Y no hay manera de cerrar el grifo. ¿Dónde se apaga esto?

Podría seguir escribiendo más motivos. Seguro que los hay. Pero, ¿hacen falta?. Es posible que te hayas visto reflejado en alguno. Puede que en más de uno.

¿Porque GTD y no otras metodologías?

¿Y quién soy yo para decidir eso?. Tu debes utilizar lo que a ti te sirva. Yo sólo te puedo decir que, a mi, GTD me ha servido. De hecho, es lo único que me ha servido realmente. Si tuviese que decirte porqué uso GTD , la respuesta sería que me ha ayudado a aprender como relacionarme de manera eficiente con todas mis responsabilidades profesionales y personales, con mi entorno. Y además, con el paso del tiempo lo he interiorizado como una forma de pensamiento, incluso de vida y de hábitos que, al fin y al cabo, es de lo que va todo esto.

También te advierto que GTD tiene efectos secundarios “graves”. Puede hacerte una persona más tranquila, con menos estrés, con mayor conciencia de la cosas, más preparada para vivir en la sociedad de la “urgencia” en la que vivimos. Una persona con mayor capacidad de adaptación. Eso, en ocasiones, puede no estar bien visto. A mi me da igual. La cuestión es si a ti también te dará igual. Tienes que valorarlo.

No elijas la metodología que quieras. Ni la que esté de moda. Elije la que te funcione. Pero ten en cuenta una cosa: si tu problema es complejo, solucionarlo puede no ser fácil. Mi consejo, si me lo permites, es que huyas de los trucos, facilidades de rápida implantación y herramientas “milagro” de software. Aléjate de ellos. Rápido. Busca un método basado en hábitos. Apréndelo. Interiorizalo. Irás viendo resultados. Poco a poco. Todo lo bueno lleva su proceso. Be water.

Resumiendo…

Tener claro para qué quieres o necesitas aprender GTD te ayudará en el caso de que finalmente te animes a hacerlo. Escríbelo y toma consciencia de ello. Piensa (pero no mucho) cuánto estás dispuesto a esforzarte y ponte en marcha. El proceso no es rápido ni es sencillo. Ponerte en marcha si. Ten en cuenta que en el simple proceso de aprendizaje, te vas a llevar cosas que te serán útiles. Muy útiles. ¿Qué tienes que perder?