Archivo por meses: Noviembre 2015

Efectividad personal… genuina

Hace un par de años, José Miguel Bolívar me recomendó seguir y leer a Eugenio Moliní, concretamente su libro sobre “Participación Genuina”. Por una vez le hice caso y de la primera lectura (porque habrá una segunda) de ese libro, imprescindible para entender la condición humana y su relación con el cambio, se me quedo grabada la idea de que las personas sólo cambian y se comprometen si quieren. Esto es así, lo mires por donde lo mires. No puedes obligar ni forzar a nadie a cambiar, aunque si se puede obligar a alguien a hacer algo que no quiere,  hacerlo según indicaciones concretas o hacerlo, incluso, siguiendo indicaciones contrarias a sus creencias.

Si, se puede forzar y obligar a alguien a hacer cosas, pero no se puede obligar a nadie a cambiar. Pretender eso es simplemente es estúpido e ineficaz, porque ese cambio no será ni real ni duradero. De los aprendizajes extraídos de leer a Eugenio, sin duda este es para mi el más relevante: el cambio debe ser genuino, salir de dentro, para ser real. De lo contrario, servirá de muy poco.

En mis talleres y trabajos como consultor artesano en efectividad centrada en las personas me suelo encontrar con dos tipos de personas: los “genuinos” y los “aún no genuinos”. Los primeros son personas que quieren cambiar y  mejorar su situación actual, están comprometidos con el esfuerzo y dedicación que deberán invertir en cimentar adecuadamente una nueva forma de trabajar y de organizarse, mucho más efectiva y adecuada para los tiempos que vivimos.  Diríamos que cumplen con ese perfil de compromiso con el cambio genuino del que hablaba antes.

Los “no genuinos” son personas a las que el entorno les está empujando a cambiar pero, probablemente, son poco conscientes de ello o lo ven de otra manera. Buscan soluciones rápidas, basadas en trucos y pequeños cambios de fácil esfuerzo,… En general, buscan medidas que les suponga un compromiso poco o nada relevante y que aporten resultados a corto plazo. En mi experiencia, aunque digan que quieren cambiar y mejorar, realmente están lejos de querer hacerlo realmente. La razón puede ser diversa y nunca puede ser motivo de juicio de valor. Probablemente su momento está por llegar.

Como siempre digo, según mi experiencia, mejorar la efectividad personal es un proceso de cambio interno que implica varias cosas:

  •  tomar conciencia de la diferencia existente entre un estado actual y una situación deseada
  • reflexionar y entender que nada ni nadie salvo el compromiso contigo mismo puede propiciar el cambio
  • aceptar que cambiar requiere paciencia y que las cosas que merecen la pena necesitan tiempo para conseguirse
  • madurez (que no es lo mismo que edad 😉 )

A partir de estos puntos, estableces unas bases sólidas para mejorar tu efectividad de manera sostenible, la gestión de tus compromisos de manera eficaz, tu organización y, en definitiva, mejorar y cambiar tu vida en el grado que tu desees. Porque únicamente desde el cambio genuino podemos pasar de un situación existente a una situación nueva y sólo si te comprometes de verdad a cambiar lograrás ese cambio. Por todo esto, puedo decir que, a mi, lo que me ha funcionado es mejorar mi efectividad personal desde el compromiso y el trabajo. En definitiva, trabajar y mejorar mi efectividad personal… de manera genuina. Merece la pena.

La felicidad está en los valores

brujula que señala los valores principales como destinoLa vida es un estado permanente de toma de decisiones. A veces, esas decisiones las tomamos casi sin darnos cuenta y otras veces ocurre lo contrario: no nos damos cuenta de que tenemos que tomar determinadas decisiones.

En los últimos días he estado inmerso en un enriquecedor y puñetero proceso mental y emocional de análisis, reflexión y, finalmente, decisión. He pasado tiempo buscado técnicas que me ayudasen a tomar la decisión que debía tomar, he leído sobre aspectos emocionales e intelectuales sobre la mejor manera de tomar una decisión sintiéndome bien y he hablado con varias personas buscando información útil y relevante para el proceso.

Todo lo anterior, sin duda, me ha ayudado a caminar la senda obligatoria que tenemos que recorrer por nosotros mismos porque, al final, en la toma de decisiones hay soledad. Utilizando una metáfora con uno de mis deportes favoritos, el ciclismo, tomar una decisión importante es como subir un puerto de montaña: puedes contar con compañeros que te ayuden al inicio, puedes tener al público jadeándote y animándote, puedes tener delante de ti corredores que ya han recorrido el camino que te queda y los tienes de referencia,…, pero al final quien tiene que darle fuerte y con decisión a los pedales eres tú. La decisiones no las toma nadie por ti, ni te puedes escudar en alguien para tomar una decisión: las decisiones las tomas tú.

La ayuda, las referencias, los consejos y las experiencias propias pasadas pueden útiles como marco para tomar esas decisiones que son complicadas. Sin embargo, a mi lo que realmente me ha ayudado ha sido confrontar mis sensaciones con mis valores. Reflexionar sobre si lo que iba a decidir estaba alineado con mis valores ha sido clave para decidirme. En este caso concreto, dos valores: la honestidad y la coherencia conmigo mismo.

He aprendido que los valores son para mi la munición final, la última bala en la recámara. Si con todo lo que he podido hacer anteriormente no he tomado una decisión con la que me siento liberado, acudo a mis valores y me dejo fluir. ¿Qué sientes?. ¿Qué vives?. La cosa al final va de sensaciones, al menos en mi caso. Si tuviésemos que tomar decisiones únicamente por aspectos puramente objetivos creo que perderíamos parte de nuestra propia naturaleza emocional.

Además, todo es más complicado cuando decidir conlleva una rectificación posterior a una decisión tomada que afecta a más personas. Puede darse el caso de que determinados valores se vean confrontados. Por ejemplo, la honestidad con la lealtad, la responsabilidad conservadora contra el desarrollo, etc… En este caso, me ha sido útil identificar cada valor en una escala simple de más o menos peso.

¿Y qué queda al final?. Sensaciones enfrentadas, libertad, todo el proceso vivido, aprendizaje y felicidad. Si, felicidad. Porque cuando sientes que haces lo correcto, cuando decides ser fiel a tu valores, cuando decidas lo que decidas puedes mirar a la gente a la cara no te queda más remedio que sentir felicidad… aunque no tengas certeza de las consecuencias de tus decisiones. Porque no hay mejor herramienta que la felicidad para empezar a cincelar el futuro entre la incertidumbre.

Gracias a todos.

Tecnólogos: profesionales del conocimiento a tener en cuenta

Mano escribiendo "Transforma Conocimiento en Acción"El trabajo del conocimiento es aún un gran desconocido para muchos profesionales, desde directivos de grandes compañías y managers hasta emprendedores o empleados. Realmente, ese aspecto no me preocupa en exceso porque tarde o temprano, el trabajo del conocimiento acabará siendo tan conocido y necesario de comprender y abordar como a principios del siglo pasado lo fueron las teorías de Frederick Winslow Taylor sobre la industria del trabajo o, a mediados del mismo, las propuestas de Williams E. Deming sobre la calidad total.

En este post ya escribí sobre las principales características que define Peter Drucker sobre los trabajadores del conocimiento, y en este otro tienes una estupenda reflexión sobre su realidad en la actualidad. Hoy quería escribir sobre un tipo de trabajador del conocimiento concreto: los tecnólogos.

Según Peter Drucker, el tipo de profesional más extendido dentro del trabajo del conocimiento es, precisamente, aquel que compagina dos tipos de actividad: la intelectual y la manual, utilizando su conocimiento para posteriormente realizar una ejecución concreta. A este tipo de profesional, Drucker lo denomina tecnólogo.

Los tecnólogos, en cuanto a su naturaleza y doble vertiente para realizar actividades intelectuales (pensar, decidir, definir,…) y actividades manuales (ejecuciones más o menos repetitivas y aprendidas), son el grupo de profesionales más extendido en la actualidad. Probablemente, tu seas un tecnólogo y no lo sepas. A continuación, detallo algunas de las características de este tipo de profesionales:

  • No existe una proporción fija ni exacta de cada uno de los dos tipos de actividad del tecnólogo. Drucker no define ninguna proporción de actividad intelectual y ni de actividad manual para los tecnólogos, lo cual es lógico pues la misma puede variar en función de la propia profesión. Hay tecnólogos que tienen una mayor proporción de actividad relacionada con el conocimiento que de actividad manual, pero también los hay en el sentido opuesto.
  • Independientemente de la proporción circunstancial de actividad intelectual y de actividad manual del tecnólogo, es la actividad del conocimiento sobre la que pivota el trabajo final del tecnólogo y, por ello, Drucker habla de ellos explícitamente como trabajadores del conocimiento. 
  • La actividad manual del tecnólogo no es algo despreciable. Para los tecnólogos, la actividad manual es la consecuencia posterior a la actividad intelectual que realizan. Si ésta no se realiza adecuadamente, la actividad manual generará outputs de baja calidad. Por ello, aunque la actividad intelectual del tecnólogo sea lo primero que requiere su atención, se debe prestar especial cuidado a que el trabajo manual se realice de forma correcta.
  • Los tecnólogos deben formar y capacitar sus competencias tanto en las actividades intelectuales como en las manuales para lograr una efectividad global óptima en su trabajo. No es suficiente poner foco en potenciar las capacidades intelectuales de pensamiento, aprendizaje, decisión, definición,…, sino también potenciar aquellas capacidades orientadas a conseguir una ejecución correcta.
  • En cuanto a que deben ser considerados como plenos profesionales del conocimiento, el tecnólogo debe definir cuál es su tarea, cuál es su trabajo. Nadie mejor que él puede hacerlo. Del mismo modo, deberá definir qué debe ocurrir para que ese trabajo se considere terminado o conseguido.
  • Para desplegar su potencial, los tecnólogos necesitan responsabilidad para aplicar su conocimiento y maestría en su actividad. No es efectivo supervisar al tecnólogo. En su lugar, los managers deben trabajar para generar las condiciones de contorno adecuadas para que el tecnólogo pueda ejercer su actividad de la manera más efectiva.

Pero, ¿quienes son realmente los tecnólogos?

Como habrás podido deducir, la mayoría de las profesiones actuales podrían encuadrarse dentro de esta categoría profesional. El propio Peter Drucker afirma que cualquier profesión con alta necesidad de conocimiento cualificado para ser desempeñada debe considerarse dentro de esta categoría de tecnólogos. Pero también son tecnólogos aquellos que, sin necesitar un conocimiento altamente cualificado, necesitan conocimiento intrínseco para desarrollar y ejecutar tareas.

Por ejemplo, podríamos hablar de un cirujano que precisa de un elevado conocimiento y formación previa a cualquier intervención y que, una vez en la sala de operaciones, precisa de una destreza manual exquisita para llevar a cabo la operación. Otro ejemplo podría ser el arquitecto que, para poder diseñar los planos de un edificio precisa de destreza manual pero que, previamente, ha de utilizar su conocimiento para establecer correctamente medida, proporciones o calidad de materiales. También un profesional de las ventas debe realizar previamente acciones relacionadas con actividades intelectuales como definir qué debe hacer para poder alcanzar sus objetivos y, en lo que a actividad manual o de ejecución se refiere, ejecutar las acciones de venta hacia el mercado que haya definido.

Pero no sólo las profesiones que necesitan un nivel de conocimiento cualificado elevado son ejemplos de tecnólogos. También lo son aquellas cuya actividad manual es proporcionalmente algo superior en volumen a la actividad que requiere de intelecto en su trabajo. Podríamos estar hablando de perfiles como oficinistas, administrativos, determinados perfiles informáticos, mecánicos de reparación, enfermeros,…

Es importante destacar que la proporción de actividad manual y actividad intelectual de un tecnólogo no determina, en absoluto, su aportación de valor. Está aportación vendrá determinada principalmente por el grado de efectividad con el que ejecute su actividad de conocimiento y la productividad con la que realice su actividad manual.

Para finalizar, es necesario ser consciente de que el reto reside en conseguir la máxima efectividad en la actividad de los tecnólogos, comprender sus necesidades y potenciar su desempeño, pues será el grupo de profesionales que, sin duda, más crecerá en los próximos años.

 

Efectividad: la realidad es la que manda

Realidad virtual. Realidad no realMuchas personas siguen dedicando esfuerzo y tiempo en planificar su trabajo de forma tradicional, sin saber que este tipo de planificación está sobrevalorada. Trabajar así no sirve de mucho salvo para generar estrés, frustración, falta de efectividad y, en raras ocasiones, una falsa sensación de control sobre un entorno al que es imposible dominar.

Esta forma de planificación tradicional, caduca e inefectiva por otro lado, consiste en planificar el trabajo repartiendo la actividad en la agenda ocupando espacios de tiempo a lo largo de la jornada. Quienes trabajan de esta forma, se imponen esos espacios de tiempo creyendo que podrán hacer uso de ellos aunque lo cierto es que la realidad del día a día pone a cada uno en su sitio. Las agendas se sobrecargan con compromisos subjetivos fáciles de modificar en función de por dónde sople el viento. Veamos qué quiero decir: entre las 9h y las 10h, te propones terminar un informe, entre las 10h y las 11h crees que podrás leer ese documento del que tienes que dar feedback, a las 12h piensas que es buena hora, antes de comer, para escribir unos cuantos correos y planificar tu próximo proyecto clave,…, y así sucesivamente. Pero, ¿cuántas veces se cumple realmente esa planificación tal y como la has definido?. ¿En cuantas ocasiones el día a día te respeta esos tiempos que te has fijado?. Realmente en menos de las que crees y, en cuanto más líquida y exigente sea tu actividad, menos todavía. ¿Cómo te sientes y qué piensas cuando no has podido hacer lo que te has planificado?. ¿Por qué seguir trabajando de esa manera?

Para muchos profesionales  trabajar de ese modo no sólo es inefectivo, sino que es agotador y frustrante. Intentar planificar tu trabajo tratando de adivinar lo que vas a poder hacer en cada momento en función de tu subjetivas creencias es una carencia competencial actual que otorga una falsa sensación de control.

Lo cierto es que hace unos años podía tener cierto sentido planificar el trabajo de forma tradicional debido a que se producían muchos menos cambios en nuestro entorno que los que se producen a día de hoy. Además, lo que había que hacer estaba claro y muy definido, quedando poco margen a la interpretación de qué era lo que te estaban pidiendo. Por otro lado, el número de cosas para hacer era sensiblemente menor respecto a la actualidad y era muy probable que pudieses llegar a hacer todo lo que tenías que hacer en tu día. Pero todo esto ha cambiado.

Nos ha tocado vivir en tiempos líquidos, que diría Bauman, en una sociedad acelerada y desarrollando un trabajo que se basa en los conocimientos que vamos adquiriendo. En estas circunstancias, los aspectos que podrían justificar una planificación tradicional del trabajo dejan de tener sentido y pasan a quedar obsoletos. Seguir trabajando en base a ellos no obedece a ninguna lógica.

Debemos evolucionar y pasar de planificar de forma tradicional nuestro trabajo a trabajar de forma inteligente y efectiva. En lugar de planificar con detalle cuándo vas a hacer las cosas, tratando de adivinar y de poner a los astros alineados a tus circunstancias como veíamos antes, tienes que definir tu trabajo de tal forma que puedas decidir y elegir qué hacer en función de lo que puedas hacer realmente en cada momento y no en función de lo que tú quieras hacer. Se trata, en definitiva de sacarte a ti mismo del centro de la ecuación y que dejes paso a una forma efectiva de relacionarte con tu realidad. Tu efectividad mejorará cuando dejes de planificar y entiendas que no se trata de hacer lo que tú quieres, sino de hacer lo que puedes objetivamente en cada momento. Porque, te guste o no, cuando hablamos de efectividad es la realidad la que manda.