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Efectividad, felicidad y motivación

La felicidad como estado de actividadEl pasado martes 1 de diciembre se celebró la 1ª Jornada de Recursos Humanos 2.0 en Barcelona organizada por Aedipe Catalunya y The Plan Company. Aunque no pude asistir, si que pude hacer un seguimiento a través de redes sociales (#RRHH20Day)  ya que me interesaba mucho lo que podían comentar ponentes de la talla de Santiago García (@Santi_Garcia). También hubo una interesante mesa redonda en la que participó Virginio Gallardo (@virginiog), a quien sigo desde hace tiempo, donde se habló, entre otras cosas de la transformación y digitalización de las organizaciones, un tema que últimamente está teniendo mucha notoriedad en el sector (te recomiendo la lectura de este post de mi colega José Miguel Bolívar al respecto)

Por cercanía en la afinidad de inquietudes, me generaba especial curiosidad la participación de Santi García, a quien no conozco personalmente pero del que sí tengo muy buenas referencias y del que, por supuesto, devoré su libroEl Ocaso del Empleo” escrito junto a Jordi Serrano. Santi ha tenido la amabilidad de compartir en un post (“Felicidad en el mundo del trabajo en entornos V.U.C.A.“) las ideas de su exposición en #RRHH20Day y el cual recomiendo sin dudarlo.  Durante su lectura, identifiqué ideas y relaciones interesantes con el borrador de este post que estás ahora leyendo y que estaba escribiendo sobre de la efectividad personal como comportamiento.

El enfoque que ofrece Santi (espero que a estas alturas me permita el tuteo ;-)) sobre la felicidad en el trabajo es muy interesante y de los pocos que conozco que me han captado mi atención. De su trabajo, me gusta y me da confianza que se apoya en investigaciones y autores de renombre en la materia como Fred Luthan o MihalyCsíkszentmihályi, además de su propia  experiencia con el  iOpener Institute, huyendo de slogans y modas típicas del momento.

Según leía el artículo de Santi, reflexionaba sobre la verdadera necesidad de las organizaciones por adaptarse a la nueva realidad que están viviendo provocadas por los entornos V.U.C.A. (volátiles, inciertos, complejos y ambiguos). Si bien lo habitual es realizar análisis necesarios sobre la organización y su realidad, lo que realmente debemos hacer es poner foco en las personas que la forman. Como dice David Criado (@vorpalina) no hay organizaciones, hay personas que forman organizaciones.

Este aspecto de pasar de pensar en la organización a pensar en la persona lo considero imprescindible cuando se habla de felicidad en el trabajo. Me cuesta aplicar a un colectivo (organización) el concepto de felicidad, o al menos no tengo la experiencia de que así sea. Creo que la felicidad en una organización es una consecuencia, el resultado de algo. Y ese algo puede ser la suma la felicidad individual de cada una de las personas que la componen.

Y, ¿por dónde puede venir esa felicidad individual en el trabajo?. Mi opinión es que puede ir muy ligada a los factores motivacionales de la persona. Autores como Daniel Pink asocian esa motivación a la capacidad y posibilidad de las personas de desarrollar tres aspectos: autonomía, maestría y propósito. Puede que existan otros factores satélites a ellos, pero en mi experiencia disponer de estos tres aspectos darían condicionantes suficientes para que una persona pueda ser feliz haciendo lo que hace.

Pero la autonomía, la maestría y el propósito no es algo que se obtenga sin más. No conozco a nadie que haya nacido ya con ello “de serie” sino que a lo largo de su trayectoria personal y profesional ha ido dando pasos que le han llevado, consciente o inconscientemente, a sentir ese estado de autonomía, maestría y propósito . Quiero destacar aquí la imprescindible y realista unión de lo profesional y lo personal porque, ¿conoces a alguien que sea feliz en el trabajo pero no en su vida personal y viceversa?

En los años que llevo investigando sobre la efectividad personal en el trabajo del conocimiento, he llegado a la conclusión de que es un medio necesario para llegar a un fin. Y cuando leo sobre felicidad en el trabajo puedo identificar ese fin con la felicidad de la estoy hablando, aunque no me cabe duda de cada persona puede y debe identificar su propio concepto de felicidad. En mi caso, asociándolo a aspectos profesionales, identifico esa felicidad con los tres criterios de Daniel Pink asociados a la motivación.

Porque si la felicidad es un estado, la efectividad personal es un comportamiento. Un comportamiento cimentado en unas creencias y hábitos que cualquier persona puede desarrollar, aprender e interiorizar, si verdaderamente quiere hacerlo. Lo vemos y constatamos en cada uno de los talleres de mejora de la efectividad que impartimos los miembros de OPTIMA LAB.

Aunque queda mucho por investigar, innovar y desarrollar acerca de la felicidad y la efectividad de las personas en el trabajo, creo sinceramente que se están dando los pasos adecuados para establecer las bases de las organizaciones de alto potencial del presente y del futuro.. Y no me cabe duda de que la única manera sostenible y realista de hacerlo, como indica Santi en su artículo y como creemos en OPTIMA LAB, es poniendo a las personas de las organizaciones en el centro y ayudándoles a desarrollar las competencias y comportamientos adecuados.

La simplicidad de GTD

Pizarra con la operación de suma 1 y 1 resultado 2Últimamente he observado ciertos planteamientos sobre la complejidad de GTD y su escasa aplicación práctica para la mayoría de las personas. Es evidente que no estoy para nada de acuerdo con ninguna de las dos cosas y voy a explicar la razón.

Quizás, sea importante recordar primero qué es realmente GTD® y cuál es su esencia. GTD® no es otra cosa que un conjunto de hábitos que, cuando se realizan de una determinada manera, nos ayudan a relacionarnos con nuestro entorno de manera más efectiva. Dicho de otro modo, con GTD® se facilitan unas pautas que puedes hacer para trabajar mejor y reducir el estrés que provoca la gran cantidad de cosas que tienes que hacer y la gran cantidad de cosas que constantemente aparecen en tu vida profesional y personal.

Ese conjunto de pautas, que como decía realmente son hábitos que puedes desarrollar, son muy simples y para nada son complicados tal y como parece que se quiere hacer ver. Te voy a pedir un favor: reflexiona con sinceridad si, alguna vez, has realizado alguna de las siguientes cosas:

  • ¿Has anotado algo alguna vez en el momento en el que se te ha ocurrido o te ha llamado la atención (en una reunión, hablando por teléfono, leyendo un libro, asistiendo a una charla,…)?
  • ¿Has reflexionado y pensado, en algún momento, sobre eso que has anotado para identificar y aclarar qué tendrías que hacer con ello?
  • Cuando has identificado qué es lo que tienes que hacer con algo, ¿lo has anotado u organizado en algún sitio (calendario, lista, bandeja,…) para poder recordar hacerlo cuando realmente puedas hacerlo?
  • ¿Has revisado los sitios donde te apuntas las cosas que tienes hacer para decidir y elegir algo que puedes hacer en ese momento?
  • ¿Te has puesto a hacer algo considerando las diferentes alternativas que tenías para hacer en ese momento, eligiendo una en función de alguna circunstancia concreta?

Seguramente hayas respondido afirmativamente a todas ellas. No te sorprendas porque es normal, ya que nuestro cerebro parece diseñado para funcionar siguiendo esos pasos o, al menos, es como funciona. Identificamos cosas que nos llaman la atención (un problema, un recordatorio, algo que nos gustaría hacer,…), pensamos qué tenemos que hacer con eso, ponemos en algún sitio eso que tenemos que hacer para acordarnos de ello cuando podamos hacerlo y, con mayor o menor regularidad, hacemos un barrido de las cosas que tenemos por hacer para elegir qué hacer. Coincidirás conmigo en que esto no es complejo y en que es la manera en que funcionamos y, si no todo el mundo funciona así, al menos podría hacerlo.

Realmente el ser humano siempre ha trabajado de esta manera. Lo que ocurre es que las exigencias y la realidad de nuestro trabajo y nuestra vida actual, difieren bastante en cómo eran esas exigencias y realidad hace un tiempo. Antes, las cosas no cambiaban con tanta rapidez, ni el volumen de información era tan alto, ni nuestros canales de relación con nuestro entorno eran tantos, ni nuestra relación con cosa desconocidas (emails, llamadas, proyectos,…) era tan habitual. Ahora, nos relacionamos con más cosas que antes y eso complica todo. Por esta razón, eso que ya hacíamos antes (y que seguro que tú ya haces de una u otra forma) tenemos que seguir haciéndolo pero de manera más efectiva. Esa manera más efectiva nos la ofrece GTD®.

Cuando leas o escuches que GTD® es complejo o que no vale para todo el mundo, reflexionar y recuerda que GTD® es desarrollar hábitos de manera adecuada para:

  1. Capturar o recopilar cualquier cosa o asunto que capte tu atención para ocuparte de ello más adelante
  2. Reflexionar y pensar sobre qué tienes que hacer (o no hacer) con esas cosas que capturas y recopilas
  3. Organizar en sitios físicos las cosas que tienes que hacer para tener un inventario de tus compromisos y acciones a realizar
  4. Revisar periódicamente los sitios donde organizas los compromisos y acciones que tienes que realizar para poder seleccionar qué hacer
  5. Hacer seleccionando aquello que es lo  mejor que puedes hacer en el momento en el que te encuentras

Porque GTD® es una solución para relacionarte mejor con todo tu entorno: en la oficina, con tus clientes, con tus hijos, con tus proveedores, con tu pareja, con tus jefes y colaboradores,…, y, también, contigo mismo. Porque para relacionarte mejor con tu entorno sólo tienes que relacionarte mejor con los compromisos que adquieres y eso, y no otra cosa, es lo que te ofrece la simplicidad de GTD®. No dejes que te cuenten cuentos… salvo para ir a dormir.