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La verdadera sencillez de GTD®

Me sorprendo cuando alguien comenta que GTD® es un método demasiado complejo, cuando lo cierto es que GTD® es muy sencillo y, a la vez, potente.

En el fondo, GTD® es un método que se basa en comportamientos y hábitos sencillos que, en su mayoría, mucha gente ya hace. Lo que propone GTD® es hacerlos de una manera diferente y en una secuencia distinta.

Hacer algo distinto a lo que estamos habituados y que conocemos nos puede sacar de nuestra zona de confort. Esto puede ser incómodo al principio, pero es importante separar el trigo de la paja y no confundir los retos que supone un cambio con la sencillez y realidad del método.

La realidad es que GTD® propone unos comportamientos y hábitos concretos que ayudan a:

  • conseguir y mantener la sensación de que las cosas están bajo control y trabajar con enfoque en lo que debes
  • poder tomar mejores decisiones sabiendo qué haces y para qué lo haces

Para el primero de los puntos anteriores, GTD® propone cinco pasos sencillos: capturar todo lo que llame tu atención; aclarar el significado, de eso que has capturado, pensando y decidiendo que hay que hacer con ello; organizar recordatorios de aquello que hayas aclarado en contenedores de confianza; revisar esos recordatorios de manera regular y, por último, hacer eligiendo qué es lo mejor que puedes hacer en cada momento.

A la hora de tomar decisiones, GTD® propone un modelo en el que debes tener en cuenta, a la hora de elegir qué vas a hacer, tus áreas de responsabilidad, tus metas y tus objetivos, considerando tus valores y tu propósito.

Como puedes comprobar, los comportamientos que propone GTD® son tan sencillos que pueden ser aprendidos por un niño. De hecho, probablemente, le requiera menos esfuerzo que a un adulto debido a que no tendrá que deshacerse de sus creencias y aprendizajes acumulados 😉

Soy consciente de que mi planteamiento puede considerarse “contaminado” por la subjetividad de llevar usando GTD® varios años. Por ello, quisiera aportar dos aspectos objetivos para disipar cualquier posible duda.

El primero de ellos es el hecho de que millones de personas, en todo el mundo, usan GTD® desde hace varios años. Esto deja constancia que está al alcance de cualquier persona.

El segundo es la evidencia de que los principios de la metodología están contrastados por la ciencia cognitiva y la neurociencia. Esto quiere decir que, lo que plantea GTD® y cómo lo plantea, está alineado con el funcionamiento natural de nuestro cerebro. Puedes leer sobre ello en el paper «Getting Things Done: The Science behind Stress-Free Productivity»  publicado en 2008 por Francis Heylighen y Clément Vidal de la Universidad de Bruselas, así como en la serie #cienciaGTD que José Miguel Bolívar publicó en su blog.

Si crees que GTD® no es sencillo, te invito y animo a que tengas un acercamiento objetivo y abierto a lo que propone. Es cierto que sacarle todo el partido a GTD® puede llevar tiempo y que hay que practicar. Pero también es cierto que, desde el primer momento en el que empiezas a utilizarlo descubres lo que puede aportar. Y eso es, precisamente, porque GTD® es tan sencillo como potente.

Algunos beneficios que he obtenido con GTD®

Este año se cumplirán 8 años desde que tomé contacto por primera vez con GTD®, la metodología de productividad personal de David Allen. Os podéis imaginar la cantidad de cosas que he podido vivir en estos años.

He sido padre tres veces; he abordado gran cantidad de proyectos personales y profesionales; he cambiado de puestos y responsabilidades profesionales; he continuado aprendiendo y cuidando mi desarrollo,…

Sí, se han quedado asuntos por el camino, pero me parece justo reconocer que, entre otras cosas, he podido lidiar con todo ello gracias a GTD®.

Ya escribí en su día sobre lo que significaba para mí aprender GTD® y el cambio que ello suponía. Soy un firme convencido de que GTD® aporta a las personas muchas de las cosas que necesitan para poder organizarse y gestionar su vida mejor. Todo ello, siendo muy consciente de que este mundo cada vez cambia más rápido y nos pone a prueba cada día, ¿verdad?

Con el ánimo de que mi experiencia pueda ser útil, me apetecía compartir algunos de los beneficios que, a nivel personal y profesional, sigo obteniendo gracias a los hábitos y comportamientos que hay detrás de GTD®. Allá van:

  • Gestionar mi vida de manera integral: ya hablé en su día de la falacia de tener una vida personal y profesional. Tú eres tú, en el trabajo, con tu pareja, con tus clientes, con tus hijos,… ¿Alguna vez has pensado en cosas del trabajo fuera ese ambiente?. ¿Piensas en aspectos de tu vida personal cuando estás en el trabajo?. Seguro que sí. En mi caso, poder gestionar mi vida como «un todo» me ayuda a ser más eficiente y a tomar mejores decisiones.
  • Gestionar las interrupciones de manera efectiva: he escrito aquí y aquí sobre ello, pero sin duda una de las grandes aportaciones de GTD® ha sido aprender comportamientos concretos para «interrumpir las interrupciones». Todo un descubrimiento.
  • Trabajar con enfoque: reducir el impacto de las interrupciones que interfieren en mi actividad, hace que pueda centrarme en lo que estoy haciendo en cada momento. La multitarea es cosa del pasado.
  • Conciencia del equilibrio entre vida personal y profesional: reconozco que, en ocasiones, es complicado y que GTD® no hace milagros. El equilibrio entre la vida personal y profesional es siempre un reto, pero ser consciente en cada momento de cómo estás respecto a ese reto ayuda a tomar perspectiva y ver las cosas de otra manera.
  • Tranquilidad al tener mi trabajo bajo control: si, hay cosas que se quedan sin hacer. Eso forma parte de la naturaleza de nuestro trabajo. Sin embargo, tener un inventario completo de todo lo que voy a hacer, y de lo que no voy a hacer, me aporta tranquilidad y sensación de control en el día a día. Sin duda, un gran aliado contra el estrés.
  • Confianza del entorno: cumplir tus compromisos demuestra profesionalidad y seriedad en lo que haces y cómo lo haces. También lo hace saber decir no, con seguridad y argumentos, antes de comprometerte con alguien o algo. Disponer de un inventario completo y actualizado de todo lo que tienes que hacer te aportará la información que necesitas para, en todo momento, saber a qué te puedes comprometer y que debes dejar para más adelante.
  • Descansar mejor: aunque con tres peques es complicado ser dueño de tu sueño, utilizar el sistema de confianza que propone GTD® me ayuda a tener la mente libre y dejar de usar la memoria par acordarme de las cosas. Esto hace que descanse mucho mejor que antes. Puedes leer un poco más aquí sobre ello.

Es evidente que se pueden alcanzar algunos de los beneficios anteriores sin usar GTD®. Sin embargo, la experiencia me dice que, cuando comienzas a probar las ventajas de los hábitos que forman parte de GTD®, experimentas un cambio cualitativo y sostenido en tu vida.

Sinceramente, al inicio da igual si usas GTD® al completo o si prácticas algunos hábitos. La forma de aprender a usarlo varía de unas personas a otras.  Lo importante es comenzar un camino de mejora que puede impactar positivamente en tu vida y, por extensión, en la de los demás.

Recuerda que siempre puedes darte la oportunidad de probar y, si no te convence, volver a donde estás ahora. Espero que te haya sido útil.