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Dedica tiempo para hacer tu trabajo

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“Alguna gente quiere que ocurra, otras desean que ocurriese, otras hacen que ocurra.” Michael Jordan

Ya sabes que pensar y decidir qué haces y qué no haces es fundamental para los profesionales del conocimiento.

Si no piensas y decides de manera adecuada puedes, entre otras cosas, caer en el perjudicial voluntarismo de pretender hacer más cosas de las que realmente puedes. Ya sabes que quien mucho abarca poco aprieta, por muchas imposiciones que te pongan o te pongas.

La realidad es que pensar y decidir es una condición necesaria, pero no suficiente, para ser  una persona más efectiva. Sacarte el carnet de conducir, es condición necesaria para poder conducir pero no es suficiente para ser un buen conductor. Pues con lo de pensar y decidir ocurre lo mismo:  es insuficiente para ser un buen profesional del conocimiento.

Porque, aunque pienses y decidas sobre tu trabajo no conseguirás resultados salvo que  dediques tiempo para hacer esas cosas sobre las que has pensado, decidido y  comprometido.

A medida que vamos interiorizando la potencia de pensar, decidir, organizar y revisar regularmente todos nuestros asuntos, es posible que surja una insuficiente sensación de control sobre nuestro trabajo. Es cierto que tener un «mapa» con todo lo que tienes que hacer es mejor, mucho mejor, que no tenerlo. Pero también es cierto que tener un mapa para no moverte, es de dudosa utilidad.

Si procesas, organizas y revisas tu trabajo, habrás mejorado tu efectividad de forma evidente respecto a si no lo haces. Sin embargo te estarás quedando a la mitad del camino. La palabra «hacer» está en la propia esencia del concepto de efectividad para los trabajadores del conocimiento del presente y del futuro.

Para ser una persona realmente efectiva, tendrás que dedicar tiempo a «hacer». Sólo así conseguirás alcanzar resultados haciendo bien las cosas correctas.

El voluntarismo acaba con tu efectividad

El voluntarismo acaba con tu efectividad

Debes ser consciente de que existen limitaciones para poder hacer todo el trabajo que te gustaría hacer. El exceso de información, la rapidez con la que cambian las cosas, el tiempo del que dispones, la incertidumbre, tu propia salud,… Seguro que se te ocurren muchas más.

Como consecuencia de esas limitaciones, vas a tener que dejar cosas sin hacer. Esto es una realidad y, como decía José Miguel Bolívar en su participación en el IV Espacio Factor Humá, «cuanto antes lo asumamos, más felices seremos». Ahí queda eso.

Por mucha gestión del tiempo que te hayas preocupado por aprender. Por muchos trucos «superproductivos» que te regalen. Por mucho empeño que pongas. Será inútil. Tendrás que dejar cosas sin hacer.

Tampoco por mucha voluntad y ganas que tengas cambiarás esa realidad. De hecho el voluntarismo, aunque esté cargado de buenas intenciones, penaliza seriamente tu efectividad.

Porque comprometerte con más cosas de las que puedes abordar es, simplemente, una estupidez. Cuanta más carga llevas en la mochila, más pesa. Cuánto más pesa, más esfuerzo te supone. Y cuanto más esfuerzo te supone, más pereza te da. Y cuánta más pereza te da, más riesgo tienes de no hacer bien las cosas correctas. Aparece la frustración, el estrés, el cabreo, las excusas,… Aparece todo esto, y más cosas, que has provocado con tu voluntarismo.

Sí, es cierto que el compromiso es clave para alcanzar resultados. Pero el exceso de compromisos impide que los alcances.  Se trata de que dejes de comprometerte a hacer cosas y te pongas a hacer las cosas que ya te has comprometido.

Porque tu mundo ideal no es tu mundo real. En tu mundo ideal habita el voluntarismo, la planificación, el optimismo, el pensamiento supositorio,… En tu mundo real habitan tus capacidades, tus imprevistos, la necesidad de enfocarte en lo que haces, tu realidad, …

El voluntarismo de comprometerte con buena intención con más cosas de las que eres capaz de hacer es garantía para dejar de ser una persona efectiva. Porque las personas efectivas, tienen que claro qué es lo tienen que hacer y qué es lo que no tienen que hacer, saben cual es la aportación de valor de lo que hacen y asumen, sientiéndose bien con ello, que habrá cosas a las que no van a llegar… por el momento.

Hasta que no entiendas y asumas que hay que dejar cosas sin hacer, será difícil encerrar bajo llave tu exceso de voluntad de querer hacer muchas cosas y satisfacer así tu ego. Porque, y te conviene tenerlo claro, en este momento en el que nos ha tocado vivir tu principal aliada es la efectividad y no la voluntad.

Esos pequeños canallas

Esos pequeños cabroncetesSe mueven rápido. Muy rápido.

Son más inteligentes que tú. O eso parece.

Aunque son los que son, en ocasiones crees y sueñas que son infinitos. Pero no es así. Ya lo sabes.

Se dispersan sigilosamente. ¿Cómo lo harán si, cada día, rehaces escrupulosamente tu planificación diaria para tenerlos controlados?. ¿Cómo lo harán si, cada día, sacas tu bola de cristal para acotarles los movimientos, cerrarles el paso y tratar inútilmente de mantenerlos a raya?.

Es posible que cuenten con algún espía infiltrado. O que tengan superpoderes. También es posible que estés dejando de hacer lo que tendrías que hacer porque has leído por ahí soluciones simples que les funcionan a otros.

No importa. Eres persistente. A pesar de la frustración por no poder cumplir tu detallado plan diario, vuelves a la carga al día siguiente. Un nuevo plan, o el mismo que el día anterior.  Da igual. Porque, según parece, los minutos, esos pequeños canallas, se te escapan.

Son desconsiderados contigo. No te respetan. Son los responsables de que no hagas lo que tenías previsto hacer. Son los responsables de tu falta de efectividad. Porque, claro, tienen vida propia. La culpa es suya. Tú sólo puedes salir y perseguirlos, y para más cachondeo van y se esconden en esos rinconcitos que tú conoces.

En el fondo sabes que juegas con las cartas equivocadas. Te lo dice la experiencia, no es que lo diga yo. Es inútil que planifiques tu día. Es inútil que trates de controlar tus minutos. Es inútil que trates de gestionar el tiempo.

Porque la gestión del tiempo ya no es de este mundo. La solución que buscas es muy diferente a saber cómo controlar esos minutos, a cómo evitar que se pierdan por esos rinconcitos donde puedes ir a encontrarlos y a cómo luchar contra los ladrones de tiempo. Tienes que aprender a ser una persona más efectiva.

Nos siguen hablando de la gestión del tiempo. Supongo que con buena intención y con absoluto desconocimiento. Es lo fácil, lo que requiere poco esfuerzo y puede que por eso las personas creen que es lo que necesitan. Ya sabes lo que pienso de ello.

Nos siguen hablando de gestión del tiempo cuando es una realidad que el tiempo es imposible gestionarlo. No puedes para el reloj, no puedes viajar al pasado ni puedes viajar al futuro. Y, salvo que cambies de planeta, la duración del día seguirá teniendo 24 horas, por muy bien que trates de gestionar lo que no puedes gestionar.

Es imposible gestionar el tiempo. No puedes gestionar a esos pequeños canallas que te dicen que se escapan. Por más que saques y utilices ese superkit de «n» tips y trucos que te ayudan a geolocalizar los rinconcitos dónde van y se esconden. Kits de tips y trucos que te ayudan poco a conseguir resultados de manera sostenible.

Es imposible gestionar el tiempo para hacer todo lo que tienes que hacer. Hace décadas si hubieses podido porque, probablemente,  hubieses tenido más tiempo que trabajo. Hoy en día supongo que habrá muy poca gente en esa situación y, probablemente, tú no seas de esas personas.

Ahora tienes muchas más cosas que hacer que tiempo para hacerlas. Deja de preocuparte por la gestión del tiempo y pasa a ocuparte de tu autogestión. Deja de buscar a esos pequeños canallas.

Si quieres ir a buscar algo, que no sean los minutos que te dicen que se escapan. Ve a buscar algo interesante como setas, tesoros, pokémons o lo que sea. Y cuando quieras mejorar tu forma de trabajar, de organizarte, de conseguir resultados y, en definitiva, cuando quieras ser una persona más efectiva, enfócate en aprender a gestionar tu atención. Enfócate en soluciones preparadas para la realidad que estás viviendo.

La responsabilidad de lo que haces y de lo que no haces es únicamente tuya, y no de esos pequeños canallas que, según te dicen, se escapan y se esconden de ti.

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Efectividad personal: es lo que necesitas

Efectividad personal: es lo que necesitas

Seguramente nos merecemos otra vida.

Una vida con menos exigencias y menos estrés. Sin tantas cosas por hacer, sin tantas explicaciones que dar.

Una vida en la que la tranquilidad fuese la tónica general y no un momento puntual.

Una vida en la que trabajases con ese jefe ideal que te pidiese hacer únicamente lo que quieres y te gusta hacer.

Un vida en la que los clientes comprasen sin que tuvieses que hacer mucho esfuerzo.

Un vida donde el equilibrio entre lo profesional, lo personal, el ocio, el trabajo, lo espiritual,…, surgiese de manera natural. Un vida, en definitiva, menos compleja.

Un vida en la cual, con algunos trucos y poco esfuerzo, pudieses solventar los sobresaltos y complejidades que te surgen. Suena bien, ¿verdad?.

Es posible que tu vida se parezca poco a ese tipo de vida. Bueno, al menos en mi caso es así. Y a la mayoría de las personas que asisten a los talleres de mejora de la efectividad que facilito, les ocurre algo parecido. O al menos eso me dicen.

También siento decirte que la mayoría de las cosas que no son como te gustarían que fuesen, pueden tener una parte de responsabilidad tuya. Dicho de otro modo, está en tu mano empezar a hacer algo para poder cambiar las cosas que no te gustan. El victimismo sólo te hace sentirte más víctima. Si quieres salir del hoyo, deja de cavar.

Deja de pensar en lo que mereces y en lo que te gustaría. O piensa en ello si quieres, pero no te obsesiones. El pasado está ahí para aprender de él, y para nada más.

Empieza a pensar en lo que necesitas para poder vivir mejor es estos tiempos líquidos, para sufrir menos y para disfrutar más. ¿Qué te ayudaría a conseguirlo?. ¿Qué está en tu mano hacer?

Si lo piensas tranquilamente, puede que identifiques muchas cosas que podrías hacer. Y es también muy posible que aquellas que más llamen tu atención sean las que menos te van a ayudar. Paradójico, pero cierto. El cambio suele gustar poco, y el esfuerzo que hay que hacer menos aún. Por eso tenemos tendencia a acogernos a las soluciones fáciles… y poco efectivas. Ya sabes a lo que me refiero: la permanente búsqueda de la inexistente pastilla que lo solucione todo.

Son tiempos de ser personas efectivas. De hacer bien las cosas correctas. De saber que tenemos límites y de que debemos hacer un uso óptimo de nuestros recursos (y sería un detalle hacer lo mismo con los recursos de los demás).

Son tiempos de aprender a decidir qué hacer y qué no hacer. No digo que sea fácil, pero con la información adecuada es más probable tomar buenas decisiones.

Son tiempos de aprender a pensar y de dejar de hacer por hacer.

Son tiempos de aprender a hacer bien lo que debemos hacer.

Son tiempos de aprender efectividad personal. Puede que pienses que aprender cómo mejorar tu efectividad personal no sea algo que mereces, pero sin duda, puede ser algo que necesitas… y necesitarás.

Y entonces llegó ella

Niño sorprendido

Sigilosa. Oculta entre el resto de temas.

Inesperada. Desconocida. Alarmantemente sobrecogedora cuando llegas.

Tremenda en tu forma y preocupante en tu efecto. ¿Qué me traes?. ¿Quién te creado?. ¿Cómo has aparecido?. ¿Para que vienes y te apareces de esta manera?

Tengo que buscar al culpable. Siempre lo hay. Cuando lo encuentre, tomaremos medidas porque no se pueden soltar tus cadenas sin esperar consecuencias. Pero antes, tengo que atenderte. No te puedo dejar desamparada. Sola. Desbocada.

Tengo que darte el cariño que mereces y que algún incompetente, probablemente de forma inconsciente, no te dio en su momento. Por eso estás aquí, querida Urgencia.

Yo me ocuparé de ti. Porque he aprendido a tratarte. He aprendido a capturarte, a aclararte, a organizar lo que me traes para luego revisarlo y hacerlo.

De hecho, si lo hubiese hecho en su momento, no te habría conocido. Ahora me acuerdo de dónde saliste, querida Urgencia. Ya no tengo que buscar más. Yo soy tu creador. Ya no tengo que buscar excusas fuera.

Hace unas semanas, venías escondida en aquel email que no procesé bien. En su momento lo dejé pasar, creyendo que me acordaría de lo que tendría que hacer. Pero no fue así, y desde entonces, te fuiste gestando poco a poco sin yo ser consciente.

Maldita sea. Si hubiera procesado bien aquel inofensivo email. Quién sabe si lo habría incubado, quién sabe si lo habría eliminado, quién sabe si lo hubiese trasformado en un proyecto con sus clarificadoras y ejecutabes siguientes acciones,… quién sabe. Probablemente  no te habría conocido.

Pero no lo hice. Me fie de tu aliada, querida Urgencia. Me fie de mi memoria. Maldita memoria que me impide mantenerte a raya porque es limitada y selectiva. Memoria subjetiva y emocional. Sí, tu aliada, querida Urgencia.

Da igual lo que dejé de hacer. Ya da igual. Me queda el daño colateral y los aprendizajes. Ahora sé que tengo que procesar correctamente todos mis asuntos para evitar invocarte, aunque sea de manera inconsciente,  y que vuelvas a aparecer. Ahora sé, también, que mi memoria no es una buena influencia para ti, porque te da esperanzas para que vuelvas.

Sé que será inevitable que en algún momento vuelvas a aparecer, porque es tu naturaleza. Pero, al menos, yo no te crearé de nuevo. Porque, no te ofendas, prefiero verte muy de vez en cuando a que seas mi constante compañera de viaje.

Conozco lo que tengo que hacer para tenerte lejos de mi. A partir de ahora, querida Urgencia, serás de otro.

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