#debatiendo: ¿engañarse para mejorar la efectividad?

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Durante el fin de semana mantuve un debate muy interesante con Jeroen Sangers en Twitter como consecuencia de los comentarios que publicaba en su blog, a raíz de este post de Jerónimo Sánchez sobre “Lo que nos enseña de verdad la Ley de Parkinson”.

Jeroen argumentaba en nuestro debate que, basándose en la Teoría de la Motivación Temporal, utilizar fechas subjetivas (es decir, no reales e inventadas por uno mismo) para hacer tu trabajo es una solución sostenible para encontrar motivación y mejorar la efectividad personal. 

Comparto los principios de la Teoría de la Motivación Temporal, pero discrepo con el enfoque de usar fechas inventadas, tanto desde una perspectiva general para la toma de decisiones como desde la perspectiva concreta para mejorar la efectividad personal.

¿Qué dice objetivamente la Teoría de la Motivación Temporal?

La Teoría de la Motivación Temporal afirma que las fechas límite (deadlines) influyen en la motivación para conseguir resultados, hacer cosas y, como consecuencia, en la procrastinación. Ante esto hay poca discusión pues a medida que se va acercando un deadline, el interés o los motivos para hacer algo con eso, se incrementa. Si quieres profundizar sobre el concepto de “procastinación”, te recomiendo esta magnífica serie de posts de mi colega y amigo Antonio José Masiá.

Sin embargo, una cosa es que las fechas límite motiven a la acción y otra es interpretar que cualquier tipo de fecha límite lo haga. Como ya escribí en su día, hay dos tipos de fechas: las fechas objetivas (reales y no inventadas) y las fechas subjetivas (irreales e inventadas por uno mismo). En ninguna parte de la Teoría de la Motivación Personal se hace referencia a que las fechas se deban inventar y que sembrar tu calendario de fechas inventadas por ti mismo vaya a resultar motivador. Conviene separar el grano de la paja.

¿Te es útil realmente inventarte las cosas?

Es evidente que la información real es mejor y más útil para tomar decisiones que la información inventada. ¿Prefieres que el médico te diagnostique con datos reales o que se los invente?. ¿Prefieres saber dónde van a estar realmente tus hijos el fin de semana o que se inventen dónde van a estar?. ¿Prefieres que el hombre del tiempo se invente la previsión o que utilice la información que facilitan los satélites meteorológicos?. ¿Sigo?.

Las decisiones que tomes serán más o menos acertadas dependiendo de varios factores y algunos de ellos quedarán fuera de tu zona de influencia. Sin embargo, cuando hablamos de efectividad personal, para decidir correctamente qué hacer hay dos factores fundamentales: pensar en qué se va a hacer  y utilizar información real. Usar fechas inventadas para decidir qué vas a hacer no requiere pensar en absoluto (da igual cuando las pongas, incluso puedes cambiarlas siempre que quieras) y, desde luego, no es información real. ¿Cómo de correctas te gustarían que fuesen las decisiones que tomas?.

Inventarse fechas sirve para motivarse de manera efectiva… ¿en serio?

Me cuesta creer que nadie pueda encontrar motivación sostenible utilizando fechas inventadas y sobrecargando innecesariamente su calendario con deadlines falsos. Me cuesta más aún imaginar que, y me parece completamente absurdo, que se pretenda relacionar sin fundamento usar fechas inventadas con factores de motivación como modelo para mejorar la efectividad personal.

Es posible que, al inicio, utilizar fechas inventadas pueda aportar un efecto motivacional circunstancial y momentáneo. Sin embargo, nuestro cerebro es difícil de engañar y sabe perfectamente que esas fechas carecen de fundamento y que, si las incumples, no va a pasar nada. ¿Nada?. Bueno, el incumplimiento sistemático de esas fechas, bien sea porque no llegues en tiempo o porque las vayas posponiendo una y otra vez, además de ineficiente, te acaba pasando factura en forma de frustración y pérdida de perspectiva real de tu trabajo.

Sin embargo cuando la fecha es objetiva, es decir, real, la cosa cambia. Cumplir o incumplir ese deadline ya tiene consecuencias reales, ya sean positivas por cumplimiento o negativas por incumplimiento. Es decir, la gratificación o el castigo pasan a ser reales, lo que sí que tiene un efecto motivacional real.

Conclusión

Si buscas motivación para poder hacer tu trabajo de manera efectiva, busca motivos reales. Si tomas decisiones sobre lo que debes hacer basándote en información falsa, es muy probable que el resultado de esas decisiones no sea el que esperas ni deseas. Ello te generará probablemente frustración, malestar y, curiosamente, desmotivación que es precisamente lo contrario a lo que buscas.

Mejorar tu forma de trabajar es más sencillo de lo que te querrán hacer creer, siempre que bases tu mejora en tomar las decisiones correctas con información correcta. Como decía Platón, una buena decisión está basada en conocimiento y el conocimiento se basa en gran medida en información real. Tú decides cómo quieres, si es que de verdad quieres, comprometerte contigo mismo para mejorar, pero recuerda, y es importante, que para mejorar realmente tu efectividad personal, los atajos son mentira.

4 pensamientos en “#debatiendo: ¿engañarse para mejorar la efectividad?

  1. Jeroen Sangers

    Yo también he llegado a la conclusión de que Twitter no es el medio adecuado para mantener una conversación elaborada. Gracias por crear este espacio para continuar hablando.

    Yo estoy convencido de que no existen soluciones únicas que sirven para todo el mundo. Cada persona es diferente, cada entorno de trabajo es diferente, etc. Aunque existen principios de la neurociencia que son universales, siempre habrá diferentes maneras de aplicarlos.

    En nuestro debate en Twitter ya he explicado que los modernos métodos de productividad personal como Getting Things Done, Take Back Your Life!, Total Relaxed Organisation y Master Your Workday Now, son los que dan mejores resultados.

    Pero en algunos casos muy concretos (¡son excepciones!) he encontrado que es mejor utilizar otros métodos y como parte de estos métodos he explicado que la persona puede especificar fechas finales deseadas para algunas tareas.

    La base para esta decisión es, como indicas, la Teoría de la Motivación Temporal. Es verdad que esta teoría no diferencia las fechas objetivas de las fechas deseadas, pero esto no importa. Estamos hablando de la motivación y la subconsciencia no sabe distinguir lo que es real y lo que inventamos nosotros. Podemos visualizar una situación en el futuro y para nuestro cerebro es como si realmente ha pasado. En este sentido, no existe ninguna diferencia entre fechas reales y fechas inventadas. En ambos casos estamos hablando de una intención; una predicción del futuro.

    El problema no está en las fechas, sino, como José Miguel Bolívar ha comentado en nuestra conversación en Twitter: El problema no es inventarte fechas sino pecar sistemáticamente de exceso de optimismo.

    Si volvemos a la Teoría de la Motivación Temporal, veremos que hay otro factor importante que afecta la motivación: las expectativas de tener éxito.

    La clave está en ser capaz de cumplir tus intenciones. Si siempre lo logras, estarás más motivado y más efectivo. Si fallas mucho, baja la motivación y fallará todo tu sistema.

    Mi vida ya es bastante complicada y sé que, en mi caso, añadir fechas deseadas tendrá un efecto negativo a la motivación porque fallaré más en cumplir mis intenciones.

    Pero no quiere decir que otras personas en situaciones más sencillas no pueden utilizar fechas deseadas sin bajar las expectativas de tener éxito y así incrementar su efectividad de forma sostenible.

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    1. David Sánchez Autor

      Hola Jeroen,
      un placer poder conversar, para eso están los blogs 😉

      Desconozco si existen soluciones únicas, lo que sí que sé es que existen soluciones que funcionan independientemente de las situaciones y circunstancias, y que si las personas las practicasen les serían de mucha más utilidad que otras soluciones.

      Con respecto a lo que debatíamos, ¡claro que tiene importancia la diferenciación entre fechas objetivas y deseadas!. En un caso hablamos de realidades y en el otro no, al margen de lo que el cerebro pueda interpretar. El que el cerebro adopte como real una fecha futura que no existe es irrelevante para mejorar la efectividad. Bueno, no es irrelevante, es perjudicial. Aunque puntualmente pueda “funcionar”, ¿cuántas veces lo hará?. ¿Cómo afectará el incumplimiento sistemático de esas fechas?.

      Comentas que la clave está en cumplir las intenciones, y que si lo logras estarás más motivado y serás más efectivo. Volvemos a tener puntos de vista diferentes. Lo que verdaderamente activa la efectividad personal es el compromiso y no la intención. Como le escuché un día a José Miguel Bolívar, el “infierno productivo” está lleno de buenas intenciones. Intención y compromiso son cosas muy diferentes: puedo tener la intención de hacer algo, pero desistir al encontrar la menor circunstancia que lo justifique. Sin embargo, con el compromiso eso no ocurre: lo tienes o no lo tienes, y eso se demuestra en cómo te comportas. Esto si que tiene relación real con la efectividad.

      Por último, por muy sencilla que sea la vida de alguien siempre será mejor utilizar información real que falsa. Al margen de cómo lo quiera implementar…

      ¡Gracias por pasarte por el blog!

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  2. Iago Fraga

    Hola David,

    Como primer posicionamiento, mi punto de vista es: efectivamente, las fechas subjetivas son de lo más ineficaces, perturban el funcionamiento normal de una persona productiva y hay que desterrarlas.

    Yo no las uso, no solo no me ayudan sino que las considero tóxicas en un sistema depurado. Por ejemplo, si llegando al aeropuerto más tarde de las 20h tengo que comprarme otro vuelo que me cuesta 200€ entonces el valor de esa fecha límite son 200€. Es un valor real, medible y que me permite tomar decisiones. Por ejemplo: sí tomaría un taxi de 60€ que me hiciese llegar a tiempo pero no tomaría una limusina de 320€ si fuese la única opción. Por eso es importante siempre ver que, toda fecha límite tiene una importancia si es real pero, sobre todo no hay que pararse ahí y ser capaz de saber cuánto es el peso de traspasarla. Yo creo que debemos pasar de un modelo basado en fechas límite “reales vs virtuales” a un modelo basado en fechas límite con riesgos asociados. Y ahí sí, las fechas límite virtuales tienen riesgo 0 (y por lo tanto no estaré dispuesto ni a mover un dedo) pero, las fechas límites reales, a veces tienen un impacto tan enano que tampoco hay que dramatizar y dejarlas pasar sin inmutarse prácticamente. (NOTA: Normalmente lo que fallan son proyectos, más difíciles de tasar pero, el ejemplo del avión me parece más ilustrativo).

    Ahora bien, en el funcionamiento del individuo medio en su trabajo, la productividad estricta no es el pan nuestro de cada día. Más bien al contrario. En ese sentido entiendo que si se ponen un objetivo a un mes aunque esa fecha sea totalmente virtual, se produce el efecto derivado de ver los días pasar y de que toman una decisión productiva al respecto. Al ver los días pasar, mucha gente dejará otras tareas menores de lado para centrarse en el proyecto importante y, ese, paradójicamente, es una decisión productiva correcta gracias a una fecha límite virtual.

    Por eso, estoy completamente de acuerdo contigo en que las decisiones basadas en conocimiento son la clave (conducen a un sistema objetivo, algo fiable) pero en el caso de las fechas límite, me parece importante puntualizar que deberíamos de dejar de verlas de forma binaria como “barreras infranqueables” o bien como “falsas fechas limite”. Son líneas con un precio/riesgo por dejarlas pasar. A veces mucho, a veces 0. Dentro de nuestras opciones también debe figurar el dejar pasar algunas con riesgo bajo o el ponernos alguna con poco sentido en un periodo de total falta de carga.

    Y nota 2: En un proceso de coaching/formación de productividad jamás ni mencionaría esta última observación. Esta la hago contigo y con Jeroen que estáis en otro nivel. Para alguien que empieza, lo primero es aprender a basarse en cosas fiables y no liarlos.

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    1. David Sánchez Autor

      Hola Iago,

      Poner valor al impacto negativo no lo veo, a priori, como algo necesario. Y mucho menos que justifique el “esfuerzo” en tener que definir ese valor. Intuitivamente, todos sabemos que impacto puede tener el saltarse una fecha objetiva. En el ejemplo que pones del avión, sólo cualificas el impacto económico, pero puede haber otros muchos factores que te hagan coger esa limusina de 320€ ;-). Entiendo el concepto, pero lo veo innecesario.

      Distinguir entre tipos de mejora de la productividad en función de las necesidades y exigencias de las personas puede tener, hasta cierto punto, lógica. Pero en cualquier caso, y al margen de metodologías, siempre será mejor aprender cosas que funcionen.

      En el ejemplo que pones sobre el proyecto con fecha inventada veo reflejada la incongruencia sobre la que debatimos: ¿el proyecto es importante porque, por sí mismo (por el resultado que representa) lo es, o es importante porque se acerca la fecha que alguien se ha inventado como consecuencia de que el equipo no sabe trabajar de manera efectiva?. ¿El proyecto es únicamente importante al final o también al principio?. Y más preguntas me surgen: si, en ese ejemplo, la exigencia en productividad no es tan relevante que se pueden usar “trucos” como éste de las fechas, ¿cómo es que tienen proyectos importantes?, ¿no hacer bien su trabajo puede tener consecuencias?… No sé si ves por dónde voy.

      Eso de que hay que personas con “menos exigencias” de productividad no dudo que sea cierto, aunque tengo mi opinión al respecto. Pero entonces, en esos casos, no debería pasar nada por llegar tarde a sus compromisos, incumplirlos, hacer largas jornadas de trabajo,… Puestos a no ser exigentes 😉

      Lo que quiero decir es que la productividad y la efectividad son lo que son. Y ese discurso de que depende de lo que necesites podrás usar una cosa u otra lo puedo entender, siempre que sea coherente y si se necesita poca productividad se sea consecuente con los resultados que ello supone. Y esto último, generalmente no es así. Las personas quieren los resultados de lo que funciona de verdad, pero haciendo y dedicando el esfuerzo de cosas que no funcionan o funcionan peor.

      Un abrazo

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