GTD: El moderador de tu diálogo interior

Dialogo internoA las cosas tienes que llamarlas por su nombre y dejarte de historias. No me canso de repetirlo e incluso de parar alguna conversación en mis sesiones de trabajo, cuando veo que la cosa se tuerce, con preguntas que ayuden a alinear el contexto de la conversación.  Creo que es fundamental estar “sintonizado” con tu interlocutor respecto al asunto, los conceptos e incluso los detalles sobre lo que estás hablando. ¿No lo crees así?. Pregúntaselo a tu pareja 🙂

Si cuando hablamos con los demás es importante estar en la misma”frecuencia” de entendimiento, en cuanto a los términos de los que estamos hablando, ¿no crees que es igual de importante hacer lo mismo cuando hablas contigo mismo?. ¿No crees que es fundamental tener claridad cuando te comentas cosas a ti mismo?. ¿Cuando te enfrentas constantemente a tu realidad?. Mi experiencia como usuario, ya de unos años, en la aplicación de sistemas de productividad personal y en particular de GTD, me lleva a la siguiente conclusión: la efectividad de tu sistema de productividad, de cómo te organices y de cómo alcances tus objetivos, será directamente proporcional a la claridad y sinceridad de la conversación que tengas contigo mismo a la hora de aclarar lo que significan las cosas para ti.

Al final, la eficacia en tu vida es el espejo de la claridad de las conversaciones que tienes contigo mismo cuando te enfrentas a las cosas y de la determinación que tengas por afrontarlas:

  • ¿cuál es tu propósito en la vida?. ¿Qué buscas?
  • ¿qué metas tienes o quieres alcanzar?
  • ¿qué responsabilidades tienes, quieres dejar de tener o te gustaría tener?
  • ¿tienes claros tus objetivos y los resultados que necesitas para alcanzarlos?
  • ¿qué tienes que hacer para alcanzar esos resultados?
  • ¿que recursos, circunstancias o personas necesitas para hacerlas?
  • ¿soy yo quien mejor puede hacer esto o lo puede hacer otra persona?
  • ¿es esto que estoy haciendo ahora lo mejor (más inteligente) que podría estar haciendo?

Si te haces preguntas de este estilo, la sinceridad, concreción y claridad con la que te respondas determinarán el salto de calidad diferencial que puedes obtener en tu vida en cuanto a estrés, organización y felicidad se refiere.

Tienes que conseguir ser consciente del dialogo interior que tienes contigo mismo cuando afrontas algo, ya sea un problema, una situación compleja o simplemente cuando decides dejar o aplazar una toma de decisión. Las personas que usan GTD, en mi experiencia, tienen esa capacidad más interiorizada con respecto a otros sistemas de organización y productividad (no te digo nada con respecto a aquellos que van día a día, sobreviviendo al momento). De hecho, bajo mi perspectiva, el valor que aporta GTD es la “incomodidad” de tener que hacerte preguntas y de obligarte a que las respuestas sean sinceras y claras. Puedes engañarte a ti mismo, pero no puedes engañar a GTD. Puedes mentir al responderte a las preguntas que GTD te plantea, pero lo bueno de GTD es que, antes o después, te dará la alarma indicándote que, por donde dices que vas no es por donde quieres o debes ir.

Realmente, GTD es tremendamente sencillo e impresiona por su sentido común. Mucha gente me ha comentado en algún momento que “es muy complicado”, “yo soy incapaz de implantarlo”, “para mi es un lío con tanta lista, contenedor, contexto,…”. Déjame decirte que no, que GTD es sencillo y el problema, como casi siempre, no es extrínseco a nosotros (en este caso, el problema no es GTD) sino que es intrínseco (en este caso, nuestras experiencias, hábitos, creencias,…, de décadas de ausencia de formación práctica y aplicable, tanto a nivel personal como organizacional).

Son las experiencias y las creencias que tienes de lo primero que te tienes que deshacer. En esta línea, me hizo gracia la bofetada conceptual que me dio el otro día José Miguel Bolívar cuando yo le indicaba que creía que sería mejor hacer una cosa concreta de determinada manera: “ya, lo que pasa es que lo que tu creas, a GTD le importa un pepino“. Y es verdad. GTD funciona, y punto. Y lo que tú, yo o quien sea crea es indiferente. La cuestión es si serás capaz de hacerlo funcionar, y poderse… se puede.

Si pudiésemos formatear la partición de nuestra mente que se encarga de la eficiencia, de la organización, de la eficacia,…, adoptar GTD sería sencillo. Sin embargo, de momento, no podemos olvidarnos de la noche a la mañana de toda una vida de experiencias y aprendizajes aplicables a otra época. Pero si te preguntas lo que te tienes que preguntar, si aclaras lo que significa, si lo organizas adecuadamente y si haces cuando tienes que hacer, estarás, sin saberlo, en la senda mejorar tu vida con GTD como moderador de un diálogo interior sincero, concreto y realista. Porque GTD es, en parte, eso: una serie de hábitos que te ayudarán a conversar contigo mismo de manera eficaz para ayudarte a afrontar el constante cambio que vivimos, llamando a las cosas por su nombre y obligándote a dejar las chorradas y creencias de lado.

 

 

 

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