GTD es cuestión de hábitos

 

Practicar - Flechas en la dianaEn muchas ocasiones escucho sin argumentación evidente lo complicado que es aprender y usar GTD. Hay gente que afirma que es tan complicado que no lo consideran útil para ellos (a pesar de que lleven años probando técnicas de organización de dudosa eficacia), que cuesta más el collar que el perro ya que se dedica demasiado tiempo a organizar las cosas y al mantenimiento del sistema. En cierta manera es cierto: al ser GTD un sistema completo de organización y productividad personal, no solo se enfoca en el hacer, sino en definir ese hacer y en facilitar la toma de decisiones para seleccionar qué hacer.

En el trabajo del conocimiento (eso que tú y yo hacemos, aunque no lo creas) tan importante es hacer como definir qué hay que hacer. Esto último no es otra cosa que saber el resultado que queremos o necesitamos obtener con nuestras acciones. Es extraño que, tanto el trabajo que nos viene de fuentes externas (clientes, jefes, partners, familia, amigos,…) como el propio trabajo que nos asignamos a nosotros mismos, venga claramente definido de forma tachable, tal y como suele comentar José Miguel Bolívar.

Debido a que GTD pivota sobre definir, revisar y hacer el trabajo, no es realmente una metodología compleja sino completa. Y no es compleja porque, simplemente, para llegar a usar GTD de manera eficaz tendrás que ir adquiriendo ciertos hábitos de forma constante y poco a poco. Es cierto que hay una dificultad oculta en todo el proceso de aprendizaje de GTD: el desaprendizaje de los malos hábitos productivos que hemos ido desarrollando a lo largo del tiempo. Es el desaprendizaje de esos hábitos poco o nada productivos la parte más complicada para llegar a usar GTD, pero con práctica, consciencia y paciencia lo consigues.

En mi experiencia personal, cuando comiences a aprender GTD te será muy útil conocer los diferentes hábitos de los que se compone. Una vez los tienes identificados, y como parte del proceso de aprendizaje, es conveniente identificar el “contrahábito” que, por norma general, estarás usando actualmente. Por ejemplo, si un hábito en GTD es “revisar periódicamente la lista de A la Espera”, puede que tu “contrahábito” sea “recordar las cosas que me debe la gente cuando les veo” (al menos este era el mío 😉 ). De esta manera tomarás consciencia de lo que tenemos que conseguir (el hábito) y de lo que hacemos hasta la fecha (el contrahábito). Aprenderás a desarrollar el nuevo hábito al tiempo que te deshaces del antiguo.

Reconozco que tardé un tiempo en aprender la importancia que los hábitos tienen en GTD y me gustaría que, si estás en proceso de aprender GTD, tomases conciencia de ello. Al fin y al cabo, GTD no es complejo ni difícil, porque por más que se fundamente en unas estructuras, sistemas y flujos de trabajo definidos, GTD simplemente es cuestión de hábitos.

Un pensamiento en “GTD es cuestión de hábitos

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