GTD: Caerse es normal

Algo va mal. Lo notas. La sensación de control que llevabas sintiendo durante semanas ha empezado a desvanecerse peligrosamente.

Lo peor es que no sabes la causa. Bueno, igual sí la sabes, pero no eres consciente.

Además, tu nivel de estrés ha vuelto a una senda creciente. Aún está lejos de aquellos niveles de hace semanas. Lejos aún de cuando comenzaste, en serio, a darte una oportunidad con GTD.

Piensas que, seguramente, la pérdida de sensación de control esté muy ligada con que el estrés esté llamando a la puerta de nuevo. Ya te lo habían advertido. En su momento no caíste en ello, pero ahora tiene todo el sentido. Cuando tenías todo bajo control, cuando capturabas, procesabas y organizabas como había que hacerlo, nada se escapaba.

Pero ahora, hay cosas que se escapan y vuelven en forma de urgencias. Aparecen sin que tuvieses consciencia de ellas. Cuando te encuentras con ellas, ya es tarde.

Algo has tenido que dejar de hacer, o algo estás haciendo de forma diferente a como habría que hacerlo, para llegar a esta situación.

Experimentas una sensación contradictoria. ¿Será un problema de la metodología?. ¿Será tan compleja como creías al principio?. ¿Tendría más sentido retomar la estéril búsqueda de algo fácil que se adapte a ti?. ¿Algo con lo que consigas resultados rápidos?. Desde luego, es tentador…

En su día comprendiste que la sencillez de lo que propone GTD es evidente. También que te iba a suponer esfuerzo aprender a trabajar así. En tu eterna búsqueda por la píldora fácil para mejorar tu productividad, esa que te habían dado a probar tantas veces sin resultados, te encontraste con la realidad.

¿Te habrás equivocado ahora también?. ¿Te habrán vuelto a dar gato por liebre?. ¿Es esto para ti?. Una mezcla de esperanza, frustración y cabreo te embarga. Reflexionas por unos momentos.

Recuerdas que ya te advirtieron de que esta situación iba a llegar. Y que además iba a llegar varias veces. «Incluso los que llevamos años de experiencia con GTD hemos pasado por aquí… y seguimos pasando», te decían. Escuchar aquello, en cierto sentido, fue reconfortante. Había una curiosa expresión para referirse a esto que te está pasando: «caerse del carro».

Ahora comienza a encajar todo. Ha llegado el momento, ha llegado ese momento. Te has caído.

Después de semanas de saborear la sensación de control sobre tu trabajo, la proactividad en la toma de decisiones y lo gratificante que es trabajar con enfoque en las cosas relevantes, ha llegado el momento que te advirtieron que llegaría.

El sistema comienza a fallar. No de manera completa pero carece de la solvencia que tenía al principio, cuando hacías todo lo que había que hacer y cómo lo debías hacer.

Reconoces que hay cosas que has dejado de hacer. Hay hábitos que creías interiorizados y que, evidentemente, no es así. Has dejado de capturar en todo momento. Procesas de manera menos rigurosa, seleccionando elementos para procesar, dejando otros para más adelante… sobretodo con el email. Y la regla de los dos minutos ha pasado a dominarte, en lugar de dominarla tú a ella… Seguro que hay más cosas. Te has confiado en exceso. Demasiado pronto.

Ha llegado el momento de volver a tomar las riendas. Y para eso, tienes que volver a subirte al carro. Afortunadamente, tienes todo lo que necesitas: sólo tienes que volver a aplicar los fundamentos de la metodología. La sensación de control, la proactividad en la toma de decisiones y el enfoque volverán.

Comprendes, en un ejercicio de sinceridad, que no ha fallado el método. Has fallado tú. Caerse es algo normal y forma parte del proceso. Otro aprendizaje más. Enhorabuena, estás en el camino

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