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El cumpleaños

Hace días publiqué una foto en Instagram donde daba por terminado el proyecto para dar una sorpresa a mi mujer por su cumpleaños.

Sí, un proyecto para organizar un cumpleaños. Un proyecto de los relevantes, con todas las letras, con todas sus dificultades, retos, presupuestos, incertidumbres y situaciones inesperadas. Además, con un cliente de lo más exigente 😉

Vamos, nada que envidiar a tantos y tantos proyectos que se abordan cada día en las organizaciones para loa y gloria de sus responsables. Aunque en este caso, hablamos de un proyecto con un propósito bien definido y una visión muy clara de qué conseguir.

Un proyecto con momentos dedicados únicamente a pensar sin prisa y con sentido, con 59 acciones realizadas y completadas. Un proyecto donde hubo que adaptarse a situaciones cambiantes, con intervención de terceras personas, con ninguna planificación tradicional y mucha planificación adaptativa.

Un proyecto terminado con éxito, antes de su plazo, sin estrés y por debajo del presupuesto… que luego hay que rendir cuentas y responder muchas preguntas.

Curiosamente, algunas personas me hicieron comentarios del estilo: «no me puedo creer que consideres organizar un cumpleaños como un proyecto», «para mí un proyecto es algo más complicado que un cumpleaños», «¡qué pena que tengas el cumpleaños de tu mujer como si fuera trabajo!»,… y cosas similares.

Para quienes usamos GTD®, y hemos conseguido eliminar el estrés de nuestra vida, un proyecto es un resultado que queremos conseguir, donde vamos a necesitar más de una acción para lograrlo y que terminaremos en el plazo máximo de un año. Tan sencillo como eso.

GTD® deja de lado las complejidades terminológicas y la preocupación por el ego de las personas. Porque esto va de ser eficientes, que bastante tenemos en el día a día.

Por eso, hacer realidad el que «Silvia se ha llevado una bonita, divertida e inolvidable sorpresa el día de su cumpleaños» lo consideramos un proyecto. Además, un señor proyecto que tenía que salir bien. Con las cosa claras, sin dejar cosas al azar,  sin compras de última hora, sin chapuzas,… Seguro que lo entenderéis.

Porque da igual lo que tú consideres qué es un proyecto. Da igual que creas que sólo puede ser algo profesional. Da igual que creas que sólo puede ser algo muy complejo. Da igual que te guste hacerlo de un modo u otro.

Lo que importa, ya lo sabes, es la realidad.

Y sabes que la tuya y la mía es suficientemente compleja, cambiante, exigente,… , como para ignorar tomarnos en serio aquello que importa y hacer lo que haya que hacer para que vaya bien.

Feliz Día de la Madre

Madre e hija con superpoderes

A todas las madres, muchas felicidades.

Puede que días como este presenten cierto tufillo comercial, no lo sé. Ni me importa. Pero, sin duda, lo merecéis…. la felicitación, no el tufillo… claro.

Las madres sois especiales. Además de felicitaros, hay que daros la enhorabuena. Enhorabuena por todo lo que hacéis, por cómo lo hacéis, por el propósito para lo que lo hacéis… y por cómo utilizáis vuestros superpoderes.

Así sois las madres, seres de una eficiencia descomunal, de una paciencia envidiable y de un amor infinito.

Y por todo ello, me pregunto, ¿cómo sería vuestra vida con GTD®? 🙂

 

GTD: ¿sólo en lo profesional?

Cuesta comprender la disociación que realiza mucha gente de su vida profesional y su vida personal. Hay casos en los que parece que la primera está por encima de la segunda y, otros, donde la segunda está por encima de la primera.

Como si de una competición sin sentido se tratase. Como si esa diferenciación fuese real.

Tenemos una (única) vida y cada persona es un (único) ser. Puede ser comprensible que quien esté descontento en su vida personal se quiera convencer de que, en su vida profesional, es diferente. Y viceversa… que suele ser lo más habitual. No de ja de ser una separación artificial en forma de placebo que muchos se resisten a abandonar.

Somos el conjunto de pensamientos, sentimientos y comportamientos que acumulamos en nuestra (única) vida. Somos todas las experiencias desde nuestra infancia y a medida que vamos creciendo en nuestro entorno familiar, en el colegio, con los amigos, en el trabajo, con nuestras aficiones, en nuestra soledad, …

Separar artificialmente lo personal de lo profesional es absurdo. Lo personal está en lo profesional, y lo profesional aporta en lo personal.

Por todo esto, extraña la resistencia de algunas personas a gestionar su vida como un todo, con un alcance y realidad global. Personas que creen que sólo han de intentar gestionar de manera eficaz su vida en el ámbito profesional y que, en el resto, no tiene sentido aplicarle el concepto de gestión… como si en el fondo no lo hicieran o trataran de hacerlo.

Los comportamientos y las técnicas que se proponen en GTD® se plantean sobre el ser, el hacer y el pensar de la persona. Todos esos comportamientos y técnicas van mucho más allá de trucos para el trabajo y de soluciones subjetivas para situaciones puntuales propias. Todo lo que propone GTD® está orientado hacia la mejora de las personas de modo que lo puedan a aplicar en todos los aspectos de su vida.

Porque cuando aprendes y consigues algo que te ayuda a tener controlado todo lo que tienes que hacer y poner foco en lo relevante, algo que contribuye a reducir el estrés y mejorar la gestión personal de todos tus asuntos, algo que te permite conseguir resultados de manera más eficiente y que abre nuevas puertas y oportunidades… ¿por qué aprovecharlo sólo en lo profesional?.

La primera herramienta para usar GTD®

Bloques de madera de juguete colocados en escalera

Algunas personas que toman contacto por primera vez con GTD® pueden sentirse un poco abrumadas por los conceptos, la propia dinámica de la metodología y, sobretodo, porque viendo el potencial que tiene, quieren ponerla en marcha de manera inmediata. Es algo normal.

Buscando respuesta a esa inmediatez por querer usar el sistema cuanto antes, a veces se cae en el error de buscar la solución en una aplicación, un software o una herramienta, que haga funcionar GTD® por nosotros. Ya sabes que eso es imposible y, en lugar de una ayuda, será una dificultad añadida y un problema para que desarrolles los hábitos que te harán ser una persona más productiva.

La inquietud por encontrar la mejor herramienta es algo habitual. Sin embargo, la búsqueda debe ser un proceso gradual y, desde luego, no debe llevarse a cabo en los primeros momentos de contacto y aprendizaje de la metodología. Al principio, es necesario centrarse en aprender y desarrollar los hábitos.

Pero, ¿con qué herramienta se puede o se recomienda comenzar?. Si partimos del hecho de que lo importante es centrarse en los hábitos, al principio es recomendable comenzar con la herramienta que ya uses, o alguna que ya conozcas, si es que te estás organizando de alguna manera. ¿Utilizas Outlook, Gmail o Evernote?¿Te organizas en una hoja Excel o en hojas en Word que subes a Dropbox?. ¿Sigues anotando en una agenda o en un cuaderno?. Bien, cualquier de ellas te vale. Si ya la estás usando, no busques más. Sólo necesitas algo que te permita escribir, usar listas de elementos y que puedas llevar contigo en todo momento.

A medida que vayas avanzando y consolidando hábitos, siempre que lo consideres interesante, podrás evaluar y probar nuevas herramientas que te apoyen en el uso de GTD®. Para cuando llegue ese momento, mi colega y amigo Jesús Serrano está realizando un exhaustivo análisis del grado de adecuación de diferentes herramientas para implementar GTD®. Pero insisto, cada cosa a su tiempo.
GTD® es una metodología sencilla y potente que se basa en principios sencillos y hábitos al alcance de cualquier persona. Su utilidad dependerá exclusivamente de cómo aprendas e interiorices esos hábitos. Por ello, si quieres comenzar con buen pie, dedica tu atención a su aprendizaje y despreocúpate por la herramienta con la que vas a gestionar tu sistema.

GTD: Caerse es normal

Algo va mal. Lo notas. La sensación de control que llevabas sintiendo durante semanas ha empezado a desvanecerse peligrosamente.

Lo peor es que no sabes la causa. Bueno, igual sí la sabes, pero no eres consciente.

Además, tu nivel de estrés ha vuelto a una senda creciente. Aún está lejos de aquellos niveles de hace semanas. Lejos aún de cuando comenzaste, en serio, a darte una oportunidad con GTD.

Piensas que, seguramente, la pérdida de sensación de control esté muy ligada con que el estrés esté llamando a la puerta de nuevo. Ya te lo habían advertido. En su momento no caíste en ello, pero ahora tiene todo el sentido. Cuando tenías todo bajo control, cuando capturabas, procesabas y organizabas como había que hacerlo, nada se escapaba.

Pero ahora, hay cosas que se escapan y vuelven en forma de urgencias. Aparecen sin que tuvieses consciencia de ellas. Cuando te encuentras con ellas, ya es tarde.

Algo has tenido que dejar de hacer, o algo estás haciendo de forma diferente a como habría que hacerlo, para llegar a esta situación.

Experimentas una sensación contradictoria. ¿Será un problema de la metodología?. ¿Será tan compleja como creías al principio?. ¿Tendría más sentido retomar la estéril búsqueda de algo fácil que se adapte a ti?. ¿Algo con lo que consigas resultados rápidos?. Desde luego, es tentador…

En su día comprendiste que la sencillez de lo que propone GTD es evidente. También que te iba a suponer esfuerzo aprender a trabajar así. En tu eterna búsqueda por la píldora fácil para mejorar tu productividad, esa que te habían dado a probar tantas veces sin resultados, te encontraste con la realidad.

¿Te habrás equivocado ahora también?. ¿Te habrán vuelto a dar gato por liebre?. ¿Es esto para ti?. Una mezcla de esperanza, frustración y cabreo te embarga. Reflexionas por unos momentos.

Recuerdas que ya te advirtieron de que esta situación iba a llegar. Y que además iba a llegar varias veces. «Incluso los que llevamos años de experiencia con GTD hemos pasado por aquí… y seguimos pasando», te decían. Escuchar aquello, en cierto sentido, fue reconfortante. Había una curiosa expresión para referirse a esto que te está pasando: «caerse del carro».

Ahora comienza a encajar todo. Ha llegado el momento, ha llegado ese momento. Te has caído.

Después de semanas de saborear la sensación de control sobre tu trabajo, la proactividad en la toma de decisiones y lo gratificante que es trabajar con enfoque en las cosas relevantes, ha llegado el momento que te advirtieron que llegaría.

El sistema comienza a fallar. No de manera completa pero carece de la solvencia que tenía al principio, cuando hacías todo lo que había que hacer y cómo lo debías hacer.

Reconoces que hay cosas que has dejado de hacer. Hay hábitos que creías interiorizados y que, evidentemente, no es así. Has dejado de capturar en todo momento. Procesas de manera menos rigurosa, seleccionando elementos para procesar, dejando otros para más adelante… sobretodo con el email. Y la regla de los dos minutos ha pasado a dominarte, en lugar de dominarla tú a ella… Seguro que hay más cosas. Te has confiado en exceso. Demasiado pronto.

Ha llegado el momento de volver a tomar las riendas. Y para eso, tienes que volver a subirte al carro. Afortunadamente, tienes todo lo que necesitas: sólo tienes que volver a aplicar los fundamentos de la metodología. La sensación de control, la proactividad en la toma de decisiones y el enfoque volverán.

Comprendes, en un ejercicio de sinceridad, que no ha fallado el método. Has fallado tú. Caerse es algo normal y forma parte del proceso. Otro aprendizaje más. Enhorabuena, estás en el camino