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Recopila para descansar mejor

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Llevas tiempo durmiendo mal. No sólo te cuesta conciliar el sueño, sino que te despiertas varias veces a lo largo de la noche. Te cuesta descansar bien y eso lo notas al día siguiente. Vaya que si lo notas: mal humor, apatía, falta de claridad. Y eso, día tras día. Resulta agotador e insostenible.

Apagas la luz y apoyas tu cabeza en la almohada. Cierras los ojos buscando ese momento de descanso que tanto necesitas. Es tu momento y, a pesar de todo lo que tienes por hacer, piensas que mañana será otro día. Toca desconectar.

Pero no. En seguida, en la oscuridad, empiezas a darte cuenta de que tu mente no tiene intención de ser cómplice de tu descanso porque para ella no ha llegado el momento. Tenéis tantas cosas por hacer que teme que se te olviden. No lo va a permitir.

Por esa razón comienza , sin que tú se lo pidas, a realizarte todo tipo de recordatorios: cosas que no has hecho, cosas que tienes que hacer, cosas que quieres hacer, cosas que no quieres hacer pero tendrás que hacer,… Un torrente de actividad reminiscente de tu día a día que te gustaría que ella te guardase en silencio para el día siguiente. Porque lo que tú quieres y necesitas es descansar.

“Tu mente está para tener ideas, no para guardarlas”. David Allen

Sin embargo, esto no funciona así. Tu inseparable amiga no te va a dejar descansar porque, a falta de un sistema que te funcione de verdad, durante años le has pedido que te recuerde las cosas. Además, le has demostrado que, a pesar de lo mucho que te falla, te sigues fiando de ella.

Y ella, que es muy bien mandada y amiga fiel, seguirá tratando de recordarte las cosas siempre que intuya una oportunidad de hacerlo. Y lo hará, generalmente, en el momento menos adecuado. Pero no se lo tengas en cuenta, no lo hace a propósito. Es que le estás pidiendo algo que no sabe, ni sabrá, hacer bien.

Llegada esta situación, ¿qué puedes hacer para solucionar esta situación?. La respuesta es sencilla: pon todos esos asuntos en un sitio externo a tu mente para que no se vea obligada a recordártelos. Porque está claro que tú sí te fías de ella, pero la muy puñetera no se fía de ti. Desarrolla el hábito de recopilar o capturar para que tu mente sepa que ya no tiene que recordarte cosas.

“Si tu mente no descansa, tú tampoco lo harás”

Recopilar o capturar consiste en anotar, siempre, en algún sitio fiable todo lo que pasa por tu cabeza y que capte tu atención. No tienes que hacer más. Nada más. Sólo anotar y hacerlo siempre. Sin pensar y sin hacer. Esto ya lo harás más tarde.

Porque anotar en un sitio externo (una libreta, un post-it, un app en el móvil,…) todas esas llamadas de atención que te está haciendo tu mente te ayudará a eliminar todo ese ruido silencioso que te impide, entre otras cosas,  dormir. Además, te aportará la tranquilidad de saber que nada se te va a olvidar.

Más adelante y en otro momento, tendrás que pensar y decidir qué hacer con eso que has anotado, cómo y cuándo hacerlo. Pero, por el momento, recopilar todos esos pensamientos y preocupaciones es todo lo que debes hacer para comenzar a ganar tranquilidad y mandarle a tu mente el mensaje de que puede, también, desconectar y comenzar a descansar.

Y, entonces, sí que podrás pensar que mañana será otro día. Un día lleno de posibilidades para ser una persona más efectiva. Te animo a que lo pruebes porque quien recopila, descansa.

Y entonces llegó ella

Niño sorprendido

Sigilosa. Oculta entre el resto de temas.

Inesperada. Desconocida. Alarmantemente sobrecogedora cuando llegas.

Tremenda en tu forma y preocupante en tu efecto. ¿Qué me traes?. ¿Quién te creado?. ¿Cómo has aparecido?. ¿Para que vienes y te apareces de esta manera?

Tengo que buscar al culpable. Siempre lo hay. Cuando lo encuentre, tomaremos medidas porque no se pueden soltar tus cadenas sin esperar consecuencias. Pero antes, tengo que atenderte. No te puedo dejar desamparada. Sola. Desbocada.

Tengo que darte el cariño que mereces y que algún incompetente, probablemente de forma inconsciente, no te dio en su momento. Por eso estás aquí, querida Urgencia.

Yo me ocuparé de ti. Porque he aprendido a tratarte. He aprendido a capturarte, a aclararte, a organizar lo que me traes para luego revisarlo y hacerlo.

De hecho, si lo hubiese hecho en su momento, no te habría conocido. Ahora me acuerdo de dónde saliste, querida Urgencia. Ya no tengo que buscar más. Yo soy tu creador. Ya no tengo que buscar excusas fuera.

Hace unas semanas, venías escondida en aquel email que no procesé bien. En su momento lo dejé pasar, creyendo que me acordaría de lo que tendría que hacer. Pero no fue así, y desde entonces, te fuiste gestando poco a poco sin yo ser consciente.

Maldita sea. Si hubiera procesado bien aquel inofensivo email. Quién sabe si lo habría incubado, quién sabe si lo habría eliminado, quién sabe si lo hubiese trasformado en un proyecto con sus clarificadoras y ejecutabes siguientes acciones,… quién sabe. Probablemente  no te habría conocido.

Pero no lo hice. Me fie de tu aliada, querida Urgencia. Me fie de mi memoria. Maldita memoria que me impide mantenerte a raya porque es limitada y selectiva. Memoria subjetiva y emocional. Sí, tu aliada, querida Urgencia.

Da igual lo que dejé de hacer. Ya da igual. Me queda el daño colateral y los aprendizajes. Ahora sé que tengo que procesar correctamente todos mis asuntos para evitar invocarte, aunque sea de manera inconsciente,  y que vuelvas a aparecer. Ahora sé, también, que mi memoria no es una buena influencia para ti, porque te da esperanzas para que vuelvas.

Sé que será inevitable que en algún momento vuelvas a aparecer, porque es tu naturaleza. Pero, al menos, yo no te crearé de nuevo. Porque, no te ofendas, prefiero verte muy de vez en cuando a que seas mi constante compañera de viaje.

Conozco lo que tengo que hacer para tenerte lejos de mi. A partir de ahora, querida Urgencia, serás de otro.

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