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La efectividad está fuera de la zona de confort

Hombre saliendo de una esfera de cristal

Se ha escrito mucho sobre el concepto o idea de salir de la zona de confort. Al final de este post os dejo algunas de las referencias que más me han hecho reflexionar sobre el tema, acerca del cual seguiré investigando y practicando porque, como leí en este post de Eva Collado:la zona de confort está muy bien, pero nada crece allí”.

En la práctica, lo que interesa no es lo que hay en la zona de confort, que eso ya lo sabes. Lo que llama la atención de la mayoría de la gente con inquietudes de mejorar y desarrollarse es averiguar lo que hay fuera de esa zona de confort: qué se siente, qué se vive, a qué te obliga y a qué te compromete. Hablamos de salir de una zona de comodidad conocida para entrar en otra zona, sin duda, de incertidumbre, de reto, de crecimiento y de cambio. Ahí es nada.

Durante lo más de 6 años que llevo investigando y poniendo en práctica técnicas y metodologías de productividad y efectividad personal, he tenido muchas experiencias de aprendizaje y una de ellas es la que tiene relación con la zona de confort.

La efectividad personal es conseguir los resultados que te propones de la mejor manera posible. Por “resultados” me refiero a cualquier cosa que quieras que sea diferente a cómo es ahora. Por ejemplo, puede ser desde ponerte en forma o aprender un idioma, hasta realizar con éxito una fusión de empresas o pasar más tiempo de calidad con tus hijos. Ya sabes que aquí no distinguimos entre resultados personales o profesionales.

Al hablar de la “mejor manera posible” me refiero a la opción más óptima de entre las posibles para conseguir el resultado. Es decir, a aquella opción que nos permite hacer un uso óptimo de los recursos que tenemos que emplear (eficiencia) para conseguir nuestros resultados (eficacia).

Por el simple hecho de querer o tener que alcanzar un resultado no te sitúas fuera de tu zona de confort. Puedes plantearte una y otra vez el ponerte en forma, pero ese simple hecho no te saca de tu zona de confort. Te pueden pedir un nuevo informe de resultados del departamento, pero ese hecho no te saca de tu zona de confort. Es cuando te planteas conseguir un resultado, y te pones a trabajar en ello de manera efectiva cuando realmente puedes llegar a encontrarte fuera de tu zona de confort. Y es ahí dónde empieza el juego.

Puedes alcanzar un resultado de dos formas: de manera subóptima y de manera óptima. La primera no te lleva a ningún sitio más allá de la frontera de tu zona de confort. Probablemente, seguirás haciendo lo mismo que hasta ahora ya sea porque no quieres plantearte otra manera de hacerlo, porque no sabes otra manera de hacerlo y no quieres investigar nuevas vías, o porque quieres quitarte el marrón cuanto antes y de cualquier manera,… Excusas tienes y tendrás todas las que quieras. Es muy fácil no ser efectivo.

Plantearte y trabajar en tus resultados de forma efectiva si te puede llevar fuera de tu zona de confort. Lo afirmo desde la experiencia porque hacer las cosas de manera efectiva conlleva tener que hacer lo correcto y, además, hacerlo bien. Significa hacer lo que tienes que hacer aunque no te apetezca, no sepas hacerlo o creas que no puedes hacerlo. Y es esa determinación la que te lleva fuera de tu zona de confort y, por tanto, la que te hará no sólo obtener tus resultados de manera efectiva sino, además, crecer y desarrollarte. Es por ello que siempre digo que mejorar tu efectividad personal o ayudar a las personas de tu equipo u organización a hacerlo es invertir, de verdad, en capital humano. Efectividad personal es crecimiento y desarrollo.

Las mejoras más evidentes y sostenibles en mi efectividad personal las he conseguido en “travesías” fuera de mi zona de confort. Nada de trucos, nada de software fantástico, nada de usar X técnicas sencillas para “disparar” (a)mi productividad en pocos días,… Las mejoras evidentes y sostenibles las he alcanzado a base de dedicación, constancia, foco y trabajo para generar hábitos. Y, créeme, todo ello en su momento estaba  bastante alejado de mi zona de confort en ese momento. Sin duda, ha merecido la pena.

En resumen, mejorar tu efectividad personal de manera significativa y sostenible te llevará fuera de tu zona de confort ya que implicará que abordes cambios en algunas de tus creencias, comportamientos y hábitos. No te preocupes por salir de esa zona porque, todo lo que te vas a encontrar ahí fuera, te va a aportar aprendizaje, experiencia y crecimiento. Si además te ayuda a la hora de obtener tus resultados, ¿qué más quieres?.

Y para finalizar, como te prometí al inicio del post, aquí te dejo algunos artículos que me han resultados interesantes para profundizar sobre los conceptos de zona de confort, incomodidad y desarrollo. Espero que te sean tan interesantes como lo son para mi:

Recuerda que lo que necesitas para mejorar tu efectividad puede estar fuera de tu zona de confort. ¿Te atreves a ir a por ello? 😉

Efectividad personal… genuina

Hace un par de años, José Miguel Bolívar me recomendó seguir y leer a Eugenio Moliní, concretamente su libro sobre “Participación Genuina”. Por una vez le hice caso y de la primera lectura (porque habrá una segunda) de ese libro, imprescindible para entender la condición humana y su relación con el cambio, se me quedo grabada la idea de que las personas sólo cambian y se comprometen si quieren. Esto es así, lo mires por donde lo mires. No puedes obligar ni forzar a nadie a cambiar, aunque si se puede obligar a alguien a hacer algo que no quiere,  hacerlo según indicaciones concretas o hacerlo, incluso, siguiendo indicaciones contrarias a sus creencias.

Si, se puede forzar y obligar a alguien a hacer cosas, pero no se puede obligar a nadie a cambiar. Pretender eso es simplemente es estúpido e ineficaz, porque ese cambio no será ni real ni duradero. De los aprendizajes extraídos de leer a Eugenio, sin duda este es para mi el más relevante: el cambio debe ser genuino, salir de dentro, para ser real. De lo contrario, servirá de muy poco.

En mis talleres y trabajos como consultor artesano en efectividad centrada en las personas me suelo encontrar con dos tipos de personas: los “genuinos” y los “aún no genuinos”. Los primeros son personas que quieren cambiar y  mejorar su situación actual, están comprometidos con el esfuerzo y dedicación que deberán invertir en cimentar adecuadamente una nueva forma de trabajar y de organizarse, mucho más efectiva y adecuada para los tiempos que vivimos.  Diríamos que cumplen con ese perfil de compromiso con el cambio genuino del que hablaba antes.

Los “no genuinos” son personas a las que el entorno les está empujando a cambiar pero, probablemente, son poco conscientes de ello o lo ven de otra manera. Buscan soluciones rápidas, basadas en trucos y pequeños cambios de fácil esfuerzo,… En general, buscan medidas que les suponga un compromiso poco o nada relevante y que aporten resultados a corto plazo. En mi experiencia, aunque digan que quieren cambiar y mejorar, realmente están lejos de querer hacerlo realmente. La razón puede ser diversa y nunca puede ser motivo de juicio de valor. Probablemente su momento está por llegar.

Como siempre digo, según mi experiencia, mejorar la efectividad personal es un proceso de cambio interno que implica varias cosas:

  •  tomar conciencia de la diferencia existente entre un estado actual y una situación deseada
  • reflexionar y entender que nada ni nadie salvo el compromiso contigo mismo puede propiciar el cambio
  • aceptar que cambiar requiere paciencia y que las cosas que merecen la pena necesitan tiempo para conseguirse
  • madurez (que no es lo mismo que edad 😉 )

A partir de estos puntos, estableces unas bases sólidas para mejorar tu efectividad de manera sostenible, la gestión de tus compromisos de manera eficaz, tu organización y, en definitiva, mejorar y cambiar tu vida en el grado que tu desees. Porque únicamente desde el cambio genuino podemos pasar de un situación existente a una situación nueva y sólo si te comprometes de verdad a cambiar lograrás ese cambio. Por todo esto, puedo decir que, a mi, lo que me ha funcionado es mejorar mi efectividad personal desde el compromiso y el trabajo. En definitiva, trabajar y mejorar mi efectividad personal… de manera genuina. Merece la pena.

La falsa dificultad de aprender y usar GTD®

Derribando mitosAl opinar sobre la metodología de productividad personal GTD®, mucha gente comenta que su uso y aprendizaje es difícil. Pero considerar que algo es fácil o difícil es un aspecto subjetivo y, por tanto, puede considerarse irrelevante a la hora de aportar una información válida y objetiva sobre algo. Si haces uso de aspectos subjetivos para valorar algo, debes aportar información sobre el paradigma en el que te mueves.

Decir que aprender y usar GTD® es difícil es una opinión subjetiva y respetable pero carente de información real y relevante. ¿En qué es difícil GTD® para esa persona?. ¿Qué significa “difícil” para esa persona?. ¿Qué expectativas tenía esa persona respecto a GTD®?. Si simplemente se da la opinión de que es GTD® es difícil, se podría estar generando las circunstancias para crear una opinión sesgada en la otra persona. Una cosa es decir que GTD® es difícil y otra es, por ejemplo, que GTD® es difícil de aprender y usar si buscas una solución rápida que no te suponga afrontar ningún cambio. Pero ocurre lo mismo si dices que GTD® es “fácil”. Es una información incompleta, ya que no es lo mismo decir que GTD® es fácil a decir que puedes aprender GTD® con facilidad si tienes paciencia, perseverancia y estás dispuesto a aprender nuevos hábitos.

En mi experiencia, puedo afirmar que GTD®, realmente, no me ha resultado ni fácil ni difícil de aprender ni usar. Es cierto que me ha llevado tiempo y es cierto que he dedicado esfuerzo en lecturas, en conversaciones con otros usuarios, en realizar ensayos y errores,…, en definitiva he dedicado esfuerzo en aprender. Además, todas las personas que conozco que son usuarios reales de GTD® han pasado por una experiencia similar: han tenido un proceso de aprendizaje que ha llevado tiempo pero, por ese simple hecho, no lo asocian a que haya sido un proceso difícil.

Entonces, ¿porque mucha gente que dice usar GTD®, conocer GTD® e incluso dedicarse profesionalmente a la productividad personal afirman que GTD® es difícil?. Veamos algunas causas de esa “falsa dificultad”:

  • La ausencia del factor esfuerzo: estamos en una sociedad donde cada vez queremos conseguir las cosas en menos tiempo y de la manera más cómoda posible. Si algo va a llevar tiempo, compromiso, esfuerzo o, incluso, necesidad de aprender cosas nuevas, para muchas personas eso pasa a ser “difícil”
  • La resistencia al cambio: no nos engañemos, mejorar significa cambiar. El cambio genera, de manera natural, resistencia en las personas, aunque sea para su propio beneficio. El cambio puede ser incómodo pero no tiene que ser, por ello, difícil.
  • Ausencia de responsabilidad: si predeterminamos que conseguir algo es difícil, automáticamente estás sacando la responsabilidad de conseguirlo fuera de ti. Te estarás engañando a ti mismo culpando a la falsa dificultad de tu falta de progreso.
  • Claridad de ideas: aunque lleves un tiempo usando GTD® puede algunos de los conceptos o algunas de la relaciones y sinergias del propio sistema se te puedan “resistir”. Esa resistencia no es consecuencia de la falsa dificultad de la que estamos hablando, sino de nuestros propios sistemas de creencias y comportamientos que nos llevan a actuar de la manera en la que hemos hecho siempre hasta el momento. Solo tienes que buscar el enfoque adecuado para aclarar esos conceptos y seguir aprendiendo.
  • Escuchar “cantos de sirena”: hay una amplia creencia equivocada, sorprendentemente incluso entre algunos profesionales de la productividad personal, de que GTD® se puede usar y personalizar según convenga a cada persona. Se afirma erróneamente que no hace falta que aprendas todo el método para poder aprovechar su potencial o incluso, y esto es más grave, se afirma que puedes adaptar GTD® a lo que tú necesites. Esto es falso y puede generar sensaciones de frustación, y por tanto de falsa dificultad, a la hora del aprendizaje y puesta en marcha del sistema. Es cierto que puedes aprender y usar sólo algunos de los hábitos que propone GTD® y que ello te aportará cosas interesantes, pero no estarás usando GTD®. Es cierto que puedes (nadie te lo impide) cambiar el sistema holístico que propone David Allen, pero no estarás usando GTD®. Porque usar GTD® es usar la metodología de GTD® al completo  y no  sólo partes. Las cosas claras, por favor.

Llevo usando GTD@ más de 6 años y, como te decía antes, puedo afirmar que aprender y usar GTD@ no es que sea ni fácil ni difícil, simplemente no es algo rápido. Hacerlo conlleva tener paciencia y persistencia, dedicar atención y tiempo a aprender a hacer cosas de manera diferente a cómo las haces ahora. Pero, ¿es eso difícil?.

¿Qué opináis vosotros?. ¿Creeis que aprender y usar GTD® es fácil o difícil?. ¿Cuál ha sido vuestra experiencia?.

Te quejas

Soy estúpido

Te quejas de todos los correos que te entran al minuto. A la hora. Al día. Sin duda a la gente le pagan por escribir mails.

Te quejas de todas las interrupciones que sufres. Maldices el momento en el que a algún iluminado de tu empresa le dio por implantar los espacios abiertos. Pobre. Seguro que lo hizo con intención positiva.

Te quejas de no poder avanzar en los proyectos importantes. Así no puedes cumplir con tus objetivos. Que no te vengan luego con milongas.

Te quejas de estar apagando fuegos todo el día. De emergencia en emergencia. ¿Es que nadie sabe hacer bien su trabajo?

Te quejas de tu jefe. Y del jefe de tu jefe. Así hasta el infinito. Parece que regalan los puestos de responsabilidad.

Te quejas de tus clientes. De sus exigencias. De sus infidelidades. Tú, que lo das todo por ellos pero que estás sólo ante ellos. Nadie en la empresa te ayuda ni comprende.

Te quejas de no tener tiempo para ti. Así no hay quien viva. Ni un momento para ti. Ni para tu pareja. Ni para esas pequeñas personitas que ves de vez en cuando correteando por casa y te señalan con dedo acusador cuando llegas pronto a casa, preguntándose quién eres.

Te quejas de tus olvidos. Cuando faltas a un compromiso. A tu palabra. Además, no es culpa tuya… ¡con todo lo que tienes que hacer!. Si los demás hiciesen mejor las cosas.

Te quejas, en definitiva, porque la situación te ha superado.

Pero, ¿has probado a hacer algo diferente a quejarte?. ¿Qué podrías hacer que dependa sólo de ti?.

Opciones tienes. A por ello… si quieres.

 

 

Qué necesitas para aprender GTD

MochilaHe reflexionado sobre tres aspectos fundamentales que deberías considerar si te estás planteando embarcarte en la aventura personal que supone usar GTD®. Seguramente, otros usuarios podrán exponerte otros aspectos en función de su experiencia personal. Estos son los míos y ahí van.

1. Tener la inquietud o necesidad de usar GTD

Primero, debes tener la inquietud o necesidad suficiente como para invertir tiempo y esfuerzo en el aprendizaje.

Me refiero a una inquietud o necesidad real de cambiar lo qué haces ahora y cómo lo haces por algún motivo. Ese motivo puede ser consecuencia de estar viviendo una situación negativa (estrés, ansiedad, …) o positiva (evolución personal, adelantarte a posibles situaciones complejas -proactividad-, inquietud de aprendizaje,…).

En mi caso, fue una mezcla de inquietud por evolucionar personalmente, proactividad y como herramienta de mejora profesional… y en todo me ha ayudado.

2. Paciencia… y fuerza de voluntad

El segundo aprendizaje que puedo compartir contigo es que buenas dosis de paciencia y fuerza de voluntad te van a ser muy necesarias. Las caídas del vagón van a ser una constante, al menos en los primeros meses.

Si, has leído bien: primeros meses. Porque no es un aprendizaje rápido. Por eso necesitarás paciencia y fuerza de voluntad.

Paciencia para combatir las ganas de llegar demasiado rápido, y mal, al final. Fuerza de voluntad para instaurar los hábitos que, poco a poco, irás aprendiendo. Si buscas soluciones rápidas, GTD no es para ti.

Tienes que evaluar si prefieres ¿soluciones? rápidas o soluciones sostenibles.

3. ¿Dónde aprender?

Y por último, necesitas fuentes de información de calidad que te ayuden en el aprendizaje. Yo aquí me voy a limitar a compartir contigo las fuentes de información básicas y orientadas a un autoaprendizaje de la metodología. Son las que yo mismo he usado en mayor o menor medida:

Conclusión

Lo que necesitas para aprender GTD no es nada que no esté a tu alcance. Solo necesitas inquietud, paciencia y fuerza de voluntad. Información sobre GTD tienes mucha y muy buena. Seguramente más de la que podrás consumir.

Y si aún así consideras que te vendría bien una mano amiga… ya sabes donde puedes encontrarla. 😉