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Aprender a trabajar

Aprender a trabajar

Nos han enseñado a leer, a escribir, a hablar,… También matemáticas, física, literatura, latín, química,…

Nos han enseñado a comportarnos, a ser educados, a respetar a los demás,… En algunos casos, también valores, actitudes,…

A lo largo de nuestra vida nos han enseñado muchas cosas. Al menos lo han intentado. Lo que cada uno haya aprendido ya es cosa suya.

Enseñanzas bajo la esperanza de prepararnos para afrontar un mundo profesional que ya no es como era. Enseñanzas obsoletas para tiempos modernos. Se le deberían encender las alarmas a más de uno.

Tampoco voy a ser un cenizo y machacar lo que todos saben: la educación tradicional no es suficiente para preparar a las personas a relacionarse de forma óptima con la realidad actual y, mucho menos, con su trabajo. Que se lo pregunten al estrés, a la ansiedad, a eso de no parar ni un minuto,…

El sistema educativo debe cambiar y esperemos que lo haga. Pero aquellos que ya no vamos a volver a pasar por esa trituradora del desarrollo del potencial humano, ¿qué podemos hacer por nosotros?

La realidad es que únicamente una parte de las enseñanzas que recibimos en nuestras etapas pre-profesionales son de utilidad a día de hoy. Y me atrevo a aventurar que esa parte es muy pequeña en la mayoría de los casos.

En la sociedad actual los profesionales tenemos que aprender a trabajar. Sé que esto puede provocar más de una incomodidad e incluso afectar al ego de alguien. Pero es cierto y, en parte, se debe a que no nos han enseñado a hacerlo.

En el trabajo tradicional sí se enseñaba a los trabajadores a realizar su función. Debido a que lo que había que hacer era evidente, se tenía muy claro qué debían aprender las personas para realizar su trabajo correctamente. Además, como esas funciones permanecían estables en el tiempo, tampoco había que preocuparse por refrescar enseñanzas ni conocimientos con frecuencia.

Sin embargo, a día de hoy la situación ha cambiado radicalmente. Lo que tenemos que hacer, nuestro trabajo, no resulta para nada evidente y, además, el cambio es constante. Esto es así, al menos, para la mayoría de las personas. Es muy importante que tomemos consciencia de que somos profesionales del conocimiento, nos guste o no, lo creamos o no y queramos o no.

Por todo lo anterior, es por lo que es necesario que los profesionales aprendamos a trabajar. Y aprender a trabajar es cuestión de aprender a ser personas más efectivas. De ello va a depender el valor de nuestras aportaciones, nuestra felicidad, nuestro desarrollo y, por supuesto, nuestro futuro. Tanto en lo personal y en lo profesional.

La buena noticia es que ya sabemos qué es lo que podemos hacer para trabajar mejor y de manera efectiva. Conocemos bien el entorno: sabemos que es VUCA, líquido y condicionado por la tecnología. Además, gracias al trabajo de figuras como Peter Drucker, Stephen Covey o David Allen, entre otros, y a la ciencia cognitiva sabemos lo que hay que hacer para ser personas efectivas, eficaces y eficientes. Tenemos todo lo necesario para trabajar mejor gracias a metodologías como GTD® y OPTIMA3®.

Ya sabemos cómo gestionar de manera eficaz las interrupciones, cómo evitar que se nos olviden cosas, qué hacer para entregar nuestros proyectos en plazo y sin estrés, la importancia de pensar y decidir qué hacemos y qué no hacemos, cómo delegar de manera eficiente, etc… Sabemos cómo trabajar de manera más enfocada y concentrada, aprovechando de manera óptima nuestros recursos y capacidades. Es decir, que sabemos muchas cosas para poder trabajar mejor.

Afortunadamente, aunque no nos hayan enseñado a trabajar, ya tenemos a nuestro alcance lo que necesitamos para aprender y comenzar a trabajar mejor, de manera más efectiva. Todo depende de nosotros. ¿Te animas a aprender a trabajar?

Efectividad personal: la necesidad de fomentar autonomía

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Es la necesidad lo que hace avanzar.

La necesidad de resolver situaciones. La necesidad de plantear soluciones a problemas. Muchas veces con el marrón ya entre las manos. Otras, las menos, de manera proactiva.

Al fin y al cabo, avanzamos como sociedad y como especie cuando detectamos o tenemos necesidad. También como personas. Como familia. Como colectivo… Hacemos de la necesidad virtud.

Enseñar a pescar

En casa enseñamos a los niños a pescar.

No es que la pesca sea el oficio familiar ni la actividad lúdica de la familia. Les enseñamos por la necesidad de desarrollar su autonomía… y salvaguardar nuestra salud física y mental.

“Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enseñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Proverbio chino

Con tres niños en casa hay que plantearse ciertas cosas. De lo contrario te arriesgas a estar pringado (literalmente) más tiempo del estrictamente necesario.

En la cena de hace unos días, reflexionaba sobre el tiempo que invertimos desde que empezábamos a cenar con los niños hasta que terminaban. Mucho. El necesario.

Lo cómodo sería darles la cena a los pequeños. Que abriesen la boca y a engullir. Sería sencillo. No te hace esforzarte más allá del puro automatismo de coger la cuchara, hacerla pasar por el “hangar” del plato, avisar al expectante lechón de que se aproxima el avión y, con pericia y reflejos felinos, hacer que aterrice en el objetivo.

Pura zona de confort parental. Un proceso industrial estandarizado, simple, relativamente rápido, de escaso consumo de energía física e intelectual para el sufrido progenitor. Eso si, de nulo valor para el aprendizaje y desarrollo del crío.

Precisamente lo contrario que necesita una familia que coquetea constantemente con el desbordamiento.

 

Invierte tiempo para mejorar

¿Qué hacemos en casa?. Algo de sentido común, o eso creemos al menos.

Invertimos tiempo (mucho) para que los niños desarrollen su autonomía en la cena (y en otras cosas, claro). Si conseguimos que cenen de manera autónoma habrá beneficios para todos.

Aunque la solución es sencilla, la ejecución no es rápida. Casi todas las cosas que merecen la pena requieren tiempo, constancia y esfuerzo.

Lo cierto es que ya tenemos a casi dos tercios de la prole con la certificación en autonomía del auto-abastecimiento. Nos queda margen de mejora, pero es cuestión de tiempo.

Y lo estamos consiguiendo con mucha paciencia, viendo de vez en cuando “El sargento de hierro” y huyendo de la comodidad. Haciendo lo correcto y no lo cómodo.

Está mereciendo la pena. Bien por ellos porque lo están consiguiendo. Niños más efectivos hacen padres más efectivos.

 

No es cuestión de niños, sino de personas

Todo esto que os he contado se puede extrapolar al ámbito personal o laboral. ¡También con adultos!

Al final, se trata de invertir tiempo y recursos para aprender técnicas que ayuden a desarrollar habilidades. Todo para conseguir resultados.

Resultados que pueden ir desde cerrar un acuerdo comercial, la implantación de un nuevo sistema informático, preparar la reunión de Dirección o, simplemente, terminar de cenar y que la cocina no parezca la sala del crimen de un capítulo de Dexter (cambiando la sangre por tomate, claro)

Porque cualquier persona puede aprender. Únicamente tiene que querer. Ayuda siempre va a tener. Eso sí, tendrá que elegir bien la ayuda que pide y a quién la pide. Pero eso es otro tema.

 

¿Y qué pasa con las organizaciones?

A las organizaciones les interesa tener niños que cenen de manera autónoma. No hay duda de ello. Manchan menos, disfrutan más, se cena antes, queda tiempo para ver una serie, leer, jugar… Creo que me entendéis.

Si, a las organizaciones les interesa la autonomía. Obviamente, me refiero a la autonomía de las personas.

Lamentablemente muchas organizaciones siguen, aún, en modelos de gestión cómodos, antiguos e ineficientes. Modelos que les permiten por el momento sobrevivir, pero no vivir.  Modelos de “abre la boca que viene el avión”. Esos modelos de “ya pienso yo por ti”. Modelos donde no se enseña a pescar.

Y es una pena. Porque hay otras opciones más efectivas. Algunas organizaciones, afortunadamente, ya lo están descubriendo. Por el bien de todos.

Simplemente hay que querer cambiar. Dejar de hacer siempre lo mismo por el hecho de que siempre se ha hecho así.

En su lugar, se pueden dedicar recursos para enseñar a trabajar de una manera más efectiva. Una manera mucho más óptima para el día a día de las personas, a las que, todo hay que decirlo, no nos han enseñado a trabajar. Cosas del sistema.

 

Conclusión

En resumen:

  • La autonomía hay que promoverla dedicándole recursos, no aparece por arte de magia
  • Es más beneficioso enseñar a una persona a hacer cosas nuevas que dárselas hechas
  • Los resultados llegan con paciencia y dedicación
  • Las organizaciones necesitan autonomía y personas que sepan trabajar en los entornos actuales

Resulta evidente que, independiente de la edad, resulta más beneficioso relacionarse y trabajar con personas autónomas y efectivas.

Si las organizaciones quieren apostar por crear ecosistemas de autonomía, ya saben lo que hay que hacer: dedicar recursos que funcionen y ayuden, de verdad, a las personas. Está en su mano, porque ayuda no les va a faltar.

Guardar

Guardar

Un compromiso que merece la pena

Every_is_Hard_Before_Easy_ReducidoComo habréis podido comprobar, hace algunas semanas decidí paralizar la publicación en el blog debido a que he tenido querido dedicar más atención a ciertos proyectos que requerían más foco relacionados con mi actividad como consultor artesano en efectividad. No obstante, esto no quiere decir que haya dejado de escribir ya que la semana pasada publiqué un artículo en Sintetia, gracias al ofrecimiento de Javier García, que puedes leer aquí.

Es un hecho que conseguir resultados depende, principalmente, de dos cosas: enfoque y compromiso. No es posible enfocarse en todo ni comprometerse con todo. Como consecuencia de ello, hay que asumir y ser consciente de que hay que dejar cosas sin hacer. No queda otra. Lo importante es sentirte bien sabiendo que es lo que dejas sin hacer porque en ese momento es lo correcto.

Han sido unas semanas de trabajo muy intenso y, también, de muchas emociones y sensaciones que me han ayudado prepararme para próximos retos. Me gustaría compartir aquí algunos aprendizajes obtenidos de las experiencias vividas en estas semanas.

Los resultados llegan si los trabajas

Las cosas se consiguen a base de trabajo y esfuerzo. No lo digo yo, lo dicen los mejores como bien sabe Francisco Alcaide. Si quieres acercarte a tus objetivos tienes que ponerte a trabajar en serio en ellos. No valen medias tintas.Si trabajas podrás conseguirlos.Si no lo haces, seguro que no los conseguirás.Simple.

Constancia y previsión

La constancia y la previsión son claves para conseguir resultados. Es más efectivo un esfuerzo sostenido y sostenible en el tiempo que dejar para el final las cosas y tener que hacerlas peor debido a la presión, al cansancio y a la falta de claridad para pensar. Si quieres profundizar sobre ello te recomiendo el artículo de José Miguel Bolívar donde escribe sobre las Micro Acciones Sostenidas y Sostenibles.

La experiencia es un grado

Si quieres mejorar y avanzar firmemente busca ayuda en gente que ya ha pasado por experiencias similares. Escucha, atiende y trabaja: no se trata de reinventar la rueda cuando algo funciona. Ser receptivo a los consejos es una potente herramienta.

Facilitar talleres no es impartir sabiduría

Una de mis mayores preocupaciones cuando trabajo en un cliente es la de resultar útil y ayudar a mejorar a los asistentes. Forma parte de mi propósito y es una sensación que siempre tengo cuando abordo un nuevo taller. Conseguirlo es posible si trabajo en ello estando presente en la sesión, transmitiendo conceptos de forma clara, comunicándome de manera adecuada y preocupándome por el aprendizaje de las personas. No se trata de llegar e impartir sabiduría como el mayor de los expertos frente a pobres ignorantes. Eso no funciona.

Puedes fallar

De hecho debes fallar. Lo importante es aprender y volver a intentarlo dejando a un lado las sensaciones y los pensamientos negativos que surjan. Eso si, es importante que cuanto antes falles, mejor. No dejes pasar el tiempo entre fallo y fallo, reflexiona lo necesario, toma conciencia, aprende lo que tengas que aprender y vuelve a la carga.

Las personas necesitan aprender a trabajar

En esta sociedad donde el trabajo del conocimiento es una realidad, muchas personas deben aprender a trabajar mejor. No es una crítica, es un hecho: ni el sistema educativo que sufrimos ni, posteriormente, las organizaciones ayudan a desarrollar las competencias necesarias en las personas para poder trabajar de manera efectiva y afrontar en mejores condiciones las situaciones a las que se tienen que enfrentar.

La potencia de la sinergia en la efectividad organizativa

Este punto da para un post en sí mismo. Muchos de los problemas de productividad de las organizaciones se resolverían mejorando la efectividad individual de las personas que la forman.

Las personas efectivas toman mejores decisiones, consiguen resultados de manera eficiente,  generan menos trabajo basura, provocan menos interrupciones y una larga serie de beneficios para el ecosistema de la organización. La ecuación es sencilla: personas efectivas dan lugar a organizaciones efectivas mientras que personas no efectivas dan lugar a organizaciones no efectivas. La clave son las personas.

Para terminar…

Quiero finalizar con una reflexión acerca de lo gratificante que resulta seguir comprobando que se puede ayudar a las personas a trabajar mejor gracias a la efectividad personal. Algo con tanta relevancia e impacto a nivel individual y social, implica un compromiso constante a quienes nos dedicamos a mejorar la efectividad centrándonos en las personas de manera genuina y artesana. Un compromiso con el aprendizaje, la práctica, la innovación, con el esfuerzo sostenido y con hacer las cosas cada vez mejor. Un compromiso por el que merece la pena seguir trabajando con, cada vez, mayor intensidad y enfoque.

La efectividad está fuera de la zona de confort

Hombre saliendo de una esfera de cristal

Se ha escrito mucho sobre el concepto o idea de salir de la zona de confort. Al final de este post os dejo algunas de las referencias que más me han hecho reflexionar sobre el tema, acerca del cual seguiré investigando y practicando porque, como leí en este post de Eva Collado:la zona de confort está muy bien, pero nada crece allí”.

En la práctica, lo que interesa no es lo que hay en la zona de confort, que eso ya lo sabes. Lo que llama la atención de la mayoría de la gente con inquietudes de mejorar y desarrollarse es averiguar lo que hay fuera de esa zona de confort: qué se siente, qué se vive, a qué te obliga y a qué te compromete. Hablamos de salir de una zona de comodidad conocida para entrar en otra zona, sin duda, de incertidumbre, de reto, de crecimiento y de cambio. Ahí es nada.

Durante lo más de 6 años que llevo investigando y poniendo en práctica técnicas y metodologías de productividad y efectividad personal, he tenido muchas experiencias de aprendizaje y una de ellas es la que tiene relación con la zona de confort.

La efectividad personal es conseguir los resultados que te propones de la mejor manera posible. Por “resultados” me refiero a cualquier cosa que quieras que sea diferente a cómo es ahora. Por ejemplo, puede ser desde ponerte en forma o aprender un idioma, hasta realizar con éxito una fusión de empresas o pasar más tiempo de calidad con tus hijos. Ya sabes que aquí no distinguimos entre resultados personales o profesionales.

Al hablar de la “mejor manera posible” me refiero a la opción más óptima de entre las posibles para conseguir el resultado. Es decir, a aquella opción que nos permite hacer un uso óptimo de los recursos que tenemos que emplear (eficiencia) para conseguir nuestros resultados (eficacia).

Por el simple hecho de querer o tener que alcanzar un resultado no te sitúas fuera de tu zona de confort. Puedes plantearte una y otra vez el ponerte en forma, pero ese simple hecho no te saca de tu zona de confort. Te pueden pedir un nuevo informe de resultados del departamento, pero ese hecho no te saca de tu zona de confort. Es cuando te planteas conseguir un resultado, y te pones a trabajar en ello de manera efectiva cuando realmente puedes llegar a encontrarte fuera de tu zona de confort. Y es ahí dónde empieza el juego.

Puedes alcanzar un resultado de dos formas: de manera subóptima y de manera óptima. La primera no te lleva a ningún sitio más allá de la frontera de tu zona de confort. Probablemente, seguirás haciendo lo mismo que hasta ahora ya sea porque no quieres plantearte otra manera de hacerlo, porque no sabes otra manera de hacerlo y no quieres investigar nuevas vías, o porque quieres quitarte el marrón cuanto antes y de cualquier manera,… Excusas tienes y tendrás todas las que quieras. Es muy fácil no ser efectivo.

Plantearte y trabajar en tus resultados de forma efectiva si te puede llevar fuera de tu zona de confort. Lo afirmo desde la experiencia porque hacer las cosas de manera efectiva conlleva tener que hacer lo correcto y, además, hacerlo bien. Significa hacer lo que tienes que hacer aunque no te apetezca, no sepas hacerlo o creas que no puedes hacerlo. Y es esa determinación la que te lleva fuera de tu zona de confort y, por tanto, la que te hará no sólo obtener tus resultados de manera efectiva sino, además, crecer y desarrollarte. Es por ello que siempre digo que mejorar tu efectividad personal o ayudar a las personas de tu equipo u organización a hacerlo es invertir, de verdad, en capital humano. Efectividad personal es crecimiento y desarrollo.

Las mejoras más evidentes y sostenibles en mi efectividad personal las he conseguido en “travesías” fuera de mi zona de confort. Nada de trucos, nada de software fantástico, nada de usar X técnicas sencillas para “disparar” (a)mi productividad en pocos días,… Las mejoras evidentes y sostenibles las he alcanzado a base de dedicación, constancia, foco y trabajo para generar hábitos. Y, créeme, todo ello en su momento estaba  bastante alejado de mi zona de confort en ese momento. Sin duda, ha merecido la pena.

En resumen, mejorar tu efectividad personal de manera significativa y sostenible te llevará fuera de tu zona de confort ya que implicará que abordes cambios en algunas de tus creencias, comportamientos y hábitos. No te preocupes por salir de esa zona porque, todo lo que te vas a encontrar ahí fuera, te va a aportar aprendizaje, experiencia y crecimiento. Si además te ayuda a la hora de obtener tus resultados, ¿qué más quieres?.

Y para finalizar, como te prometí al inicio del post, aquí te dejo algunos artículos que me han resultados interesantes para profundizar sobre los conceptos de zona de confort, incomodidad y desarrollo. Espero que te sean tan interesantes como lo son para mi:

Recuerda que lo que necesitas para mejorar tu efectividad puede estar fuera de tu zona de confort. ¿Te atreves a ir a por ello? 😉

Presentación del libro sobre Productividad Personal de José Miguel Bolívar en IMF Business School

Portada del Libro Productividad Personal de José Miguel Bolívar

El próximo Jueves 17 de Septiembre a las 19:00 horas tendrá lugar la presentación del libro de mi amigo y colega artesano José Miguel BolivarProductividad Personal: Aprende a liberarte del estrés con GTD®” en el salón de actos de la Universidad Camino José Cela, en la calle Quintana, número 21, de Madrid (esquina Ferraz).

Tendré la oportunidad de participar e intervenir en el evento, organizado por IMF Business School, compartiendo con los asistentes mi experiencia personal como usuario durante más de 5 años de la metodología GTD y, también, cómo tuvo lugar el proceso de revisión del manuscrito del libro al cual José Miguel tuvo la amabilidad de invitarme a participar.

Estoy convencido de que será una gran oportunidad para todos los asistentes de pasar un buen rato y conocer la realidad y significado de una competencia clave para los profesionales del conocimiento, la efectividad personal, de la mano de José Miguel, auténtico referente y precursor en la materia.

Mi más sincero agradecimiento a José Miguel por compartir esta experiencia conmigo y a IMF Bussines School por la organización del evento.

¡Me encantaría verte por allí!