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Muchas urgencias son neglicencias

 

Todas las personas tenemos que atender imprevistos. Forman parte de la realidad. Y, en cierto sentido, se pueden considerar como un aliciente a la rutina del día a día.

El que todo cambie más a menudo y vivir en entornos VUCA hace que los imprevistos aparezcan con mayor probabilidad. Cuando esto ocurre, lo mejor que puedes hacer es reaccionar de la mejor manera posible.

Luego tenemos las mal entendidas “urgencias”. Hay personas que viven permanentemente en ellas. Algunas creen que debe ser así y que es imposible hacer nada por evitarlo. Otras creen que dar esa imagen les hace más interesantes e, incluso, aumenta su valor como profesionales. Obviamente, están equivocados.

Me atrevo a decir que, en la mayoría de las ocasiones, las urgencias no son imprevistos que surgen de la nada. En la mayoría de los casos son, como dice David Allen, “inputs mal gestionados”, neglicencias (cómo dice mi amigo José Miguel Bolívar) o descuidos a la hora de gestionar correctamente el trabajo al no tratar, en su momento, ese asunto como se debería haber hecho.

Muchas de tus urgencias son la consecuencia de creer que te acordarás de hacer cosas porque tu mente es privilegiada, o de no dedicar atención adecuada a pensar lo suficiente sobre las cosas o, entre otras cosas, de ir reaccionando ante todo lo que va surgiendo en tu entorno creyendo que tienes que hacerlo todo.

Si eres de los viven permanentemente en la urgencia, podrías reflexionar sobre qué debería haber ocurrido para que esas urgencias no se hubiesen producido. ¿Qué estaba en tu mano hacer para evitarla?. ¿Qué podrías haber hecho diferente?. Es muy posible que ahí encuentres la causa de la neglicencia de la que hablaba antes. No eches balones fuera.

Porque una cosa es un imprevisto y, otra, una neglicencia. Lo primero, simplemente ocurre. Lo segundo se puede evitar.

Poco a poco será suficiente

Mucha gente quiere conseguir de manera inmediata sus resultados. Y la mayoría de las veces, en estos casos, rápido es sinónimo de mal.

Generalmente, trabajar de manera acelerada es consecuencia de no haber empezado a trabajar antes. Se pierde criterio y perspectiva, y se desperdician recursos. Si finalmente consigues el resultado, no suele ser el deseado.

Empezar a trabajar en algo cuanto antes, después de pensar y decidir de manera objetiva sobre ello, es lo correcto. Hacerlo de otra manera hará que, probablemente, tengas que trabajar de manera estresante cuando se aproxime la fecha de entrega. Perderás efectividad en lo que haces.

Se trata de trabajar sin estrés empezando antes. Por muy lejos que parezca que está tu objetivo, normalmente está más cerca de lo que crees. Esa realidad imposible de controlar te lo suele poner difícil y es caprichosa con los imprevistos que tanto te disgustan.

Evita los atracones de última hora y prepárate, lo mejor posible, para las sorpresas. Porque si empiezas a trabajar antes, hacerlo poco a poco será suficiente para conseguir resultados sin estrés.

Recopila para descansar mejor

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Llevas tiempo durmiendo mal. No sólo te cuesta conciliar el sueño, sino que te despiertas varias veces a lo largo de la noche. Te cuesta descansar bien y eso lo notas al día siguiente. Vaya que si lo notas: mal humor, apatía, falta de claridad. Y eso, día tras día. Resulta agotador e insostenible.

Apagas la luz y apoyas tu cabeza en la almohada. Cierras los ojos buscando ese momento de descanso que tanto necesitas. Es tu momento y, a pesar de todo lo que tienes por hacer, piensas que mañana será otro día. Toca desconectar.

Pero no. En seguida, en la oscuridad, empiezas a darte cuenta de que tu mente no tiene intención de ser cómplice de tu descanso porque para ella no ha llegado el momento. Tenéis tantas cosas por hacer que teme que se te olviden. No lo va a permitir.

Por esa razón comienza , sin que tú se lo pidas, a realizarte todo tipo de recordatorios: cosas que no has hecho, cosas que tienes que hacer, cosas que quieres hacer, cosas que no quieres hacer pero tendrás que hacer,… Un torrente de actividad reminiscente de tu día a día que te gustaría que ella te guardase en silencio para el día siguiente. Porque lo que tú quieres y necesitas es descansar.

“Tu mente está para tener ideas, no para guardarlas”. David Allen

Sin embargo, esto no funciona así. Tu inseparable amiga no te va a dejar descansar porque, a falta de un sistema que te funcione de verdad, durante años le has pedido que te recuerde las cosas. Además, le has demostrado que, a pesar de lo mucho que te falla, te sigues fiando de ella.

Y ella, que es muy bien mandada y amiga fiel, seguirá tratando de recordarte las cosas siempre que intuya una oportunidad de hacerlo. Y lo hará, generalmente, en el momento menos adecuado. Pero no se lo tengas en cuenta, no lo hace a propósito. Es que le estás pidiendo algo que no sabe, ni sabrá, hacer bien.

Llegada esta situación, ¿qué puedes hacer para solucionar esta situación?. La respuesta es sencilla: pon todos esos asuntos en un sitio externo a tu mente para que no se vea obligada a recordártelos. Porque está claro que tú sí te fías de ella, pero la muy puñetera no se fía de ti. Desarrolla el hábito de recopilar o capturar para que tu mente sepa que ya no tiene que recordarte cosas.

“Si tu mente no descansa, tú tampoco lo harás”

Recopilar o capturar consiste en anotar, siempre, en algún sitio fiable todo lo que pasa por tu cabeza y que capte tu atención. No tienes que hacer más. Nada más. Sólo anotar y hacerlo siempre. Sin pensar y sin hacer. Esto ya lo harás más tarde.

Porque anotar en un sitio externo (una libreta, un post-it, un app en el móvil,…) todas esas llamadas de atención que te está haciendo tu mente te ayudará a eliminar todo ese ruido silencioso que te impide, entre otras cosas,  dormir. Además, te aportará la tranquilidad de saber que nada se te va a olvidar.

Más adelante y en otro momento, tendrás que pensar y decidir qué hacer con eso que has anotado, cómo y cuándo hacerlo. Pero, por el momento, recopilar todos esos pensamientos y preocupaciones es todo lo que debes hacer para comenzar a ganar tranquilidad y mandarle a tu mente el mensaje de que puede, también, desconectar y comenzar a descansar.

Y, entonces, sí que podrás pensar que mañana será otro día. Un día lleno de posibilidades para ser una persona más efectiva. Te animo a que lo pruebes porque quien recopila, descansa.

Deja de que tu bandeja de email se llene

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Sí, deja que tu bandeja de email se llene. No me he vuelto loco, aunque tendría razones para poder hacerlo. Me imagino vuestras incrédulas caras y puedo suponer lo que estará pasando por esas cabecitas productivas. Cosas, por ejemplo, como:

  • “Perdona. Tú, que llevas más de 6 años usando GTD®, ¿vas y me dices eso ahora?”
  • “¿Precisamente uno de los objetivos de GTD® no era tener las bandejas de entrada vacías?”
  • “¿Después de que he desarrollado e interiorizado el hábito de procesar de manera productiva mi email, ahora ya no tengo que hacerlo?”
  • “¿Es la nueva moda productiva cool?. ¿Dejar que el email reviente?”
  • “Voy a dejar de leer este post, que éste no sabe de lo que escribe…”

Antes de irte, espera un momento. Todo esto viene al hilo de una conversación con un amigo. Me comentaba que había días en los que era imposible dejar vacía la bandeja de email. Y cuando lo conseguía, rápidamente volvía a llenarse. Nunca conseguía dejar la bandeja vacía. ¿Nunca?. Nos montamos unas películas con nuestras creencias que no veas.

Por si no lo sabías, tu trabajo no consiste en el leer el email. De la misma manera, ser una persona productiva tampoco consiste en vaciar la bandeja de email… y mantenerla vacía. De hecho, vaciar la bandeja de email es muy fácil: seleccionas todos los emails, le das a «Eliminar» o «Borrar» y ya la has vaciado. Objetivo cumplido, ¿verdad?. Va a ser que no.

Tú sabes que no se trata de eso. Si queremos mejorar nuestra productividad personal ganando confianza y tranquilidad en lo que hacemos, tenemos que procesar los emails de nuestra bandeja de entrada (y en general, las cosas de cualquier bandeja de entrada). Es cierto, que hay que procesar todos los emails que tengamos en la bandeja y que, al terminar, la dejaremos vacía.

Pero vaciar la bandeja es una consecuencia, no un objetivo. Cuando se da esa situación de tener la bandeja de email vacía, sentimos esa sensación de control sobre todo y todos. Incluso te imagino mirando humildemente por encima del hombro  y con el pecho hinchado como un pavo a tus compañeros. Una mirada presumida de quien sabe que tiene algo que los demás no tienen. De quien sabe que ha conseguido algo que lo demás creen imposible. Sí. Tu bandeja de entrada es la única que, probablemente, esté vacía en ese momento en toda la oficina. Reprimes las ganas de gritarlo en voz alta y mostrar tu pantalla en blanco a todos.

Pero esa euforia puede desaparecer rápidamente. Has metido un gol en el minuto 89 y te han empatado en el 91. Sí, me pongo metafórico porque ahora en casa hay dos nuevas aficiones: el fútbol y los Pokémon. No os voy a desvelar cuál es la mía. Pero volvamos al tema que me distraigo. La cuestión es que, al poco tiempo de tener tu bandeja impoluta y vacía, vuelven a entrar emails.  Y de qué manera, ¿verdad?. Menos mal que no has dicho nada antes a tus compañeros.

¿Qué haces ahora?. ¿Sigues procesando todo lo que entre hasta volver a dejar la bandeja vacía?. ¿Te enfrentas a ese tsunami constante de emails?. Es posible que aparezcan dudas de para qué procesar, para qué pensar y decidir. Al final, volvemos a estar igual. Como el hamster en la rueda. La bandeja deja de estar en blanco para llenarse de nuevos correos que te susurran “abremé y leemé”. Como le cantaban las sirenas a Ulises en su regreso hacia Ítaca. Bueno, parecido.

No te preocupes. Resiste y deja de que tu bandeja se llene. Sí. Es lo que os decía antes intencionadamente. Deja que se llene porque tu trabajo no es vaciar el email. Tu trabajo consiste en aportar valor en lo que haces, y el valor lo aportas pensando, decidiendo y haciendo bien lo que tienes que hacer.

Si ya has procesado tu email, cierra tu bandeja. Seguro que tienes muchas acciones en tus contextos que puedes hacer y tachar. Ponte con ello y avanza.

Y mientras deja que la bandeja de email se llene porque tú, que sabes y usas GTD®, sabes que tienes todo lo que necesitas para volver a dejarla vacía cuando quieras. Eres tú, con GTD®, quien mantiene tu email bajo control. Así que deja de preocuparte y deja que la bandeja de email se llene.

Efectividad, vacaciones y trabajo

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Estas vacaciones han sido especiales. Han sido las primeras que hemos pasado como familia numerosa, lo que las ha convertido en particulares… y amenazantes para lo que me espera en los próximos años. El reto está servido y la efectividad, en mi caso,  ha pasado a ser cuestión de “supervivencia” 😉

Bromas aparte, desde hace unos años las vacaciones para mi se han convertido en  “trabacaciones”. Este concepto, que escuché por primera vez a mi amigo Juanjo Brizuela, comienza a ser cada vez más real, evidente e incluso necesario para muchas personas que viven la realidad del trabajo del conocimiento.

Porque para los trabajadores del conocimiento y los knowmads, este enfoque de integrar las vacaciones con la dosis adecuada de trabajo es más enriquecedor de lo que puede parecer.

Además, puede ser necesario e incluso presentar oportunidades si se plantea adecuadamente.

Por ejemplo, actividades relacionadas con la creatividad, el pensamiento, la generación de ideas, plantear soluciones…, reúnen condiciones y requisitos para poder llevarse a cabo en periodos cuando estás más relajado, tienes más tiempo libre o estás fuera de tu entorno habitual.

Para los trabajadores del conocimiento, pensar es trabajar. No lo olvides.

Cuestión de autonomía

Tengo la experiencia de que los factores positivos de la integración de vacaciones y trabajo aparecen cuando la decisión se toma desde la autonomía y de forma proactiva, y no porque las circunstancias te obligan a ello.

Eso es lo importante: tener la opción de elegir.

Si estás en el punto óptimo de motivación, incluso en la tranquilidad de tus vacaciones puedes tener momentos donde trabajar sea una elección perfectamente válida y estimulante.

Cualquier decisión tomada de forma autónoma estará más alineada con tu propósito y, por tanto, no debería generarte fricción.

La autonomía es uno de los principales factores de motivación en el trabajo… y en la vida.

¿Vida personal y vida profesional?. Tampoco en vacaciones

La creencia de que es posible separar vida personal y vida profesional, no por extendida es cierta.

Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran.

La línea divisoria entre trabajo y vida personal es inexistente:Pensando

  • ¿Se te ha ocurrido una idea para mejorar el servicio al cliente mientras estás en la fila del cine?.
  • ¿Has imaginado una nueva línea de producto tomando una cerveza con un amigo?
  • ¿Te has acordado que tienes que llamar al cliente mientras vas en el coche camino de tu lugar de vacaciones?

Somos personas únicas: no existe un “David del trabajo” y un “David de la vida personal”. En ambos casos es la misma persona, con sus muchos defectos y escasas virtudes.

Pretender crear “mundos” paralelos e irreales es, cuando menos, absurdo y frustrante.

Lo importante: el foco

Sí, este año he trabajado en vacaciones.

Sí, este año he descansado (lo que algunas personitas me han dejado) en vacaciones.

Sí, este año he disfrutado mucho de mis vacaciones.

Y la clave para todo ello ha estado en mantener mis hábitos relacionados con la efectividad personal.

Por ejemplo, cuando estaba con los niños en la piscina me centraba en poner toda mi atención en ese momento en disfrutar con ellos.

Nada de mirar el móvil ni el correo cuando estaba con los peques. De hecho,  ni me lo llevaba (con el coste en pokémons desaprovechados que ello suponía).

Estar a lo que estás es un aspecto productivo que se puede y debe aplicar también a los momentos de ocio.  

También he podido trabajar cuando he querido o he necesitado hacerlo.

Disponer de acciones claramente definidas para hacer, correctamente redactadas y organizadas en contextos me permitía ejecutar de manera muy efectiva, seleccionando las cosas correctas. Efectividad en estado puro.

Conclusión

Han sido unas vacaciones muy intensas de las que he aprendido varias cosas:

  • Como decía al principio del post, la efectividad, en mi caso particular, pasa por ser una cuestión de “supervivencia” 😉
  • Se puede trabajar de manera saludable y compatible con el descanso en vacaciones partiendo de la autonomía y proactividad, y no desde la obligación ni el estrés.
  • En vacaciones, todos los hábitos productivos son igual de útiles que en periodos de actividad. ¡No tiene sentido dejarlos de lado!
  • Olvídate de la distinción entre vida personal y vida profesional. Tu vida es única, y tiene más sentido gestionarla como algo integrado que como partes separadas.
  • Pon toda tu atención en lo que estás haciendo en cada momento. Ya sea escribir un mail, leer un post, jugar con los niños o cenar con tu pareja. Estar a lo que estás, gestionando tu atención, te permite disfrutar más de lo que haces.

Para finalizar, y por tranquilizar y aclarar las cosas, soy muy consciente de que las vacaciones están para descansar, desconectar y disfrutar.

Amanecer

Y, sinceramente, eso es lo que he hecho… sin dejar de lado mi realidad.

 

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