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Ladrones de tiempo: eludiendo responsabilidad

Ladrones de tiempo: te falta responsabilidad

La efectividad personal es una cosa muy seria que afecta directamente a la felicidad de las personas. Quienes deciden tener un acercamiento o emprender un camino de mejora en su efectividad, están tomando una decisión importante que no puede ser tomada a la ligera.

Últimamente se siguen leyendo cosas completamente obsoletas, y erróneas, en lo que se refiere a la mejora de la efectividad o productividad personal. Una auténtica lástima debido a que la ciencia ya demuestra qué es útil cuando hablamos de efectividad.

Una de esas cosas absurdas es la insistencia en declarar la guerra a los ladrones de tiempo en general y, en particular, a los que se esconden en tu móvil. Ya he hablado de los ladrones de tiempo aquí y, en mi opinión, el mejor post sobre lo absurdo de los ladrones de tiempo lo puedes leer aquí.

Muchas personas se quejan de lo infernal que les resulta llevar siempre encima un móvil. Curiosamente, suelen ser las mismas que se quejan de la cantidad de email que reciben y que les impide trabajar. Tiempo de echar balones fuera, algo muy habitual cuando se habla de mejorar la efectividad y la forma de trabajar buscando soluciones fáciles y sin esfuerzo. El problema no está ahí fuera, y la solución tampoco.

Pero volvamos al teléfono móvil, ese aparato diabólico e infernal creado para poder estar en contacto, si quieres y/o necesitas, con personas independientemente de dónde estén. ¿Es tan malo?. ¿Te causa tanto problema?. ¿Te interrumpe tanto?. Si es así, deja de usarlo. Sencillo.

Pero resulta que crees que estás cautivo de tu teléfono móvil y de las notificaciones que te llegan a través suyo. Tanto él como ellas son las culpables de tu situación. Pobre de ti.

Mensajes de Whatsapp, SMS´s, notificaciones de Facebook, notificaciones de correo, más Whatsapp, mensajes de Telegram,…, y así sucesivamente. De esta manera es imposible trabajar, ¿verdad?

Parece que todos los ladrones de tiempo que habitan en el móvil se ha confabulado para distraerte… con todo lo que tienes que hacer. Pobre, otra vez.

Ante esta situación muchas personas intentan trucos y tips sencillos de, cuanto menos, dudosa utilidad en el largo plazo. Instalan apps en el móvil que bloquean notificaciones, dan la vuelta al teléfono para no ver la pantalla, lo ponen en silencio, bailan el hulahop o ponen velas en diferentes rinconcitos, … Todo para intentar callar a esos ladrones de tiempo.

En tu mundo real existen y existirán notificaciones e interrupciones. De eso no te vas a librar por mucho que uses la técnica del avestruz y metas la cabeza debajo de la tierra. Lo ideal sería que fuesen el menor número posible, pero la realidad es la que es y la solución no pasa por obviarlas. Y mucho menos por eludir tu responsabilidad de aprender a gestionarlas adecuadamente.

Una persona efectiva aprende a relacionarse de manera óptima con su entorno, evitando aislarse de él. Usar trucos como, por ejemplo, silenciar las notificaciones te puede ayudar puntualmente, pero es insuficiente. Lo que te ayudará realmente a ser una persona más efectiva es aprender a gestionar tu atención para dedicarla de manera consciente a lo que la tienes que dedicar.

Si sabes cómo gestionar adecuadamente tu atención, serás tú quien decida si atiendes o no esa notificación o interrupción. Será tu responsabilidad decidir a qué dedicas tu tiempo y atención. No olvides que tus resultados son consecuencia de tus decisiones.

Por tanto, la solución definitiva contra los inexistentes ladrones de tiempo está, realmente, en ti. Y eso te da la posibilidad de armarte de responsabilidad y asumir que tienes que aprender cosas nuevas para relacionarte mejor con tu realidad y adaptarte a ella. Deja de echar balones fuera y de sentirte víctima. Porque el problema no son los ladrones de tiempo, sino tu falta de responsabilidad.

Esos pequeños canallas

Esos pequeños cabroncetesSe mueven rápido. Muy rápido.

Son más inteligentes que tú. O eso parece.

Aunque son los que son, en ocasiones crees y sueñas que son infinitos. Pero no es así. Ya lo sabes.

Se dispersan sigilosamente. ¿Cómo lo harán si, cada día, rehaces escrupulosamente tu planificación diaria para tenerlos controlados?. ¿Cómo lo harán si, cada día, sacas tu bola de cristal para acotarles los movimientos, cerrarles el paso y tratar inútilmente de mantenerlos a raya?.

Es posible que cuenten con algún espía infiltrado. O que tengan superpoderes. También es posible que estés dejando de hacer lo que tendrías que hacer porque has leído por ahí soluciones simples que les funcionan a otros.

No importa. Eres persistente. A pesar de la frustración por no poder cumplir tu detallado plan diario, vuelves a la carga al día siguiente. Un nuevo plan, o el mismo que el día anterior.  Da igual. Porque, según parece, los minutos, esos pequeños canallas, se te escapan.

Son desconsiderados contigo. No te respetan. Son los responsables de que no hagas lo que tenías previsto hacer. Son los responsables de tu falta de efectividad. Porque, claro, tienen vida propia. La culpa es suya. Tú sólo puedes salir y perseguirlos, y para más cachondeo van y se esconden en esos rinconcitos que tú conoces.

En el fondo sabes que juegas con las cartas equivocadas. Te lo dice la experiencia, no es que lo diga yo. Es inútil que planifiques tu día. Es inútil que trates de controlar tus minutos. Es inútil que trates de gestionar el tiempo.

Porque la gestión del tiempo ya no es de este mundo. La solución que buscas es muy diferente a saber cómo controlar esos minutos, a cómo evitar que se pierdan por esos rinconcitos donde puedes ir a encontrarlos y a cómo luchar contra los ladrones de tiempo. Tienes que aprender a ser una persona más efectiva.

Nos siguen hablando de la gestión del tiempo. Supongo que con buena intención y con absoluto desconocimiento. Es lo fácil, lo que requiere poco esfuerzo y puede que por eso las personas creen que es lo que necesitan. Ya sabes lo que pienso de ello.

Nos siguen hablando de gestión del tiempo cuando es una realidad que el tiempo es imposible gestionarlo. No puedes para el reloj, no puedes viajar al pasado ni puedes viajar al futuro. Y, salvo que cambies de planeta, la duración del día seguirá teniendo 24 horas, por muy bien que trates de gestionar lo que no puedes gestionar.

Es imposible gestionar el tiempo. No puedes gestionar a esos pequeños canallas que te dicen que se escapan. Por más que saques y utilices ese superkit de «n» tips y trucos que te ayudan a geolocalizar los rinconcitos dónde van y se esconden. Kits de tips y trucos que te ayudan poco a conseguir resultados de manera sostenible.

Es imposible gestionar el tiempo para hacer todo lo que tienes que hacer. Hace décadas si hubieses podido porque, probablemente,  hubieses tenido más tiempo que trabajo. Hoy en día supongo que habrá muy poca gente en esa situación y, probablemente, tú no seas de esas personas.

Ahora tienes muchas más cosas que hacer que tiempo para hacerlas. Deja de preocuparte por la gestión del tiempo y pasa a ocuparte de tu autogestión. Deja de buscar a esos pequeños canallas.

Si quieres ir a buscar algo, que no sean los minutos que te dicen que se escapan. Ve a buscar algo interesante como setas, tesoros, pokémons o lo que sea. Y cuando quieras mejorar tu forma de trabajar, de organizarte, de conseguir resultados y, en definitiva, cuando quieras ser una persona más efectiva, enfócate en aprender a gestionar tu atención. Enfócate en soluciones preparadas para la realidad que estás viviendo.

La responsabilidad de lo que haces y de lo que no haces es únicamente tuya, y no de esos pequeños canallas que, según te dicen, se escapan y se esconden de ti.

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