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Esos pequeños canallas

Esos pequeños cabroncetesSe mueven rápido. Muy rápido.

Son más inteligentes que tú. O eso parece.

Aunque son los que son, en ocasiones crees y sueñas que son infinitos. Pero no es así. Ya lo sabes.

Se dispersan sigilosamente. ¿Cómo lo harán si, cada día, rehaces escrupulosamente tu planificación diaria para tenerlos controlados?. ¿Cómo lo harán si, cada día, sacas tu bola de cristal para acotarles los movimientos, cerrarles el paso y tratar inútilmente de mantenerlos a raya?.

Es posible que cuenten con algún espía infiltrado. O que tengan superpoderes. También es posible que estés dejando de hacer lo que tendrías que hacer porque has leído por ahí soluciones simples que les funcionan a otros.

No importa. Eres persistente. A pesar de la frustración por no poder cumplir tu detallado plan diario, vuelves a la carga al día siguiente. Un nuevo plan, o el mismo que el día anterior.  Da igual. Porque, según parece, los minutos, esos pequeños canallas, se te escapan.

Son desconsiderados contigo. No te respetan. Son los responsables de que no hagas lo que tenías previsto hacer. Son los responsables de tu falta de efectividad. Porque, claro, tienen vida propia. La culpa es suya. Tú sólo puedes salir y perseguirlos, y para más cachondeo van y se esconden en esos rinconcitos que tú conoces.

En el fondo sabes que juegas con las cartas equivocadas. Te lo dice la experiencia, no es que lo diga yo. Es inútil que planifiques tu día. Es inútil que trates de controlar tus minutos. Es inútil que trates de gestionar el tiempo.

Porque la gestión del tiempo ya no es de este mundo. La solución que buscas es muy diferente a saber cómo controlar esos minutos, a cómo evitar que se pierdan por esos rinconcitos donde puedes ir a encontrarlos y a cómo luchar contra los ladrones de tiempo. Tienes que aprender a ser una persona más efectiva.

Nos siguen hablando de la gestión del tiempo. Supongo que con buena intención y con absoluto desconocimiento. Es lo fácil, lo que requiere poco esfuerzo y puede que por eso las personas creen que es lo que necesitan. Ya sabes lo que pienso de ello.

Nos siguen hablando de gestión del tiempo cuando es una realidad que el tiempo es imposible gestionarlo. No puedes para el reloj, no puedes viajar al pasado ni puedes viajar al futuro. Y, salvo que cambies de planeta, la duración del día seguirá teniendo 24 horas, por muy bien que trates de gestionar lo que no puedes gestionar.

Es imposible gestionar el tiempo. No puedes gestionar a esos pequeños canallas que te dicen que se escapan. Por más que saques y utilices ese superkit de «n» tips y trucos que te ayudan a geolocalizar los rinconcitos dónde van y se esconden. Kits de tips y trucos que te ayudan poco a conseguir resultados de manera sostenible.

Es imposible gestionar el tiempo para hacer todo lo que tienes que hacer. Hace décadas si hubieses podido porque, probablemente,  hubieses tenido más tiempo que trabajo. Hoy en día supongo que habrá muy poca gente en esa situación y, probablemente, tú no seas de esas personas.

Ahora tienes muchas más cosas que hacer que tiempo para hacerlas. Deja de preocuparte por la gestión del tiempo y pasa a ocuparte de tu autogestión. Deja de buscar a esos pequeños canallas.

Si quieres ir a buscar algo, que no sean los minutos que te dicen que se escapan. Ve a buscar algo interesante como setas, tesoros, pokémons o lo que sea. Y cuando quieras mejorar tu forma de trabajar, de organizarte, de conseguir resultados y, en definitiva, cuando quieras ser una persona más efectiva, enfócate en aprender a gestionar tu atención. Enfócate en soluciones preparadas para la realidad que estás viviendo.

La responsabilidad de lo que haces y de lo que no haces es únicamente tuya, y no de esos pequeños canallas que, según te dicen, se escapan y se esconden de ti.

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Herramientas y trucos: insuficientes para mejorar tu eficiencia

Foto de un icerbeg donde se diferencia la parte superior de la parte inferior, mucho más voluminosaSi ya te has preocupado por tu productividad y quieres es empezar a ser más eficiente, tienes varias opciones por las que puedes comenzar. Algunas de ellas te serán más fáciles de adoptar y te proporcionarán ciertos resultados aunque sean discretos. Otras te requerirán más esfuerzo, aunque los resultados serán mucho más evidentes y sostenibles.

Concretamente, cuando alguien se preocupa por ser más eficiente y organizado tiene cuatro vías, no excluyentes entre sí, para mejorar:

  1. Emplear mejores herramientas
  2. Usar trucos
  3. Desarrollar hábitos productivos
  4. Adoptar metodologías de eficiencia personal (como por ejemplo GTD)

En este post vamos a ver que aportan las dos primeras y dejaremos las dos últimas para un post posterior.

La productividad no está en la herramienta

Las herramientas han tenido, y siguen teniendo, un papel fundamental en la evolución de la sociedad y el trabajo. En el mundo empresarial continúan teniendo un papel importante a la hora de buscar e implantar soluciones que ayuden a la mejora de la eficiencia personal y organizativa. Sin embargo, en el trabajo del conocimiento no son la solución definitiva.

Son muchas las organizaciones que gastan enormes sumas de dinero en la implantación de complejos y modernos sistemas de soporte al negocio buscando ser más eficientes. En un buen número de casos, me atrevo a afirmar que los resultados son tan discretos como decepcionantes.

A nivel personal, la mayoría de la gente (a mi también me pasó) que se interesa por organizarse con más eficacia busca, como si no hubiese un mañana, la herramienta o aplicación software que le solucione la vida. La consecuencia es que se pierde mucho tiempo, y  a veces dinero, en probar y probar cuando ni siquiera sabes lo que necesitas.

Porque puedes usar listas, gestores de tareas, gestores de recordatorios, libretas, tablets, smartphones, …, pero en el trabajo del conocimiento no es significativo, generalmente, el potencial de mejora que te pueden aportar, por sí solas,  con respecto a los hábitos o metodologías basadas en hábitos. Conozco personas que comienzan a interesarse por un método como GTD y lo primero que suelen preguntar es por la mejor herramienta para implantarla cuando la mayoria ni siquiera ha leído nada sobre la metodología. Como dice Jeroen Sangers, la mejor herramienta que puedes usar seguramente es la que ya estás usando.

Los trucos: solución parcial y cortoplacista

La búsqueda y el uso de trucos es de las primeras cosas por las cuales las personas comienzan a obsesionarse, generalmente con el enfoque equivocado de obtener resultados rápidos con poco esfuerzo. Si buscas en Internet “trucos productivos” o “trucos para gestión del tiempo” encontrarás un buen numero de resultados e información.

Los trucos productivos están muy bien y personalmente no tengo nada en contra de ellos, pero en mi experiencia son insuficientes y el ratio resultados/implantación es muy bajo. Me refiero a resultados significativos como, por ejemplo, vaciar tu bandeja de correo sistemáticamente, conseguir que no se te olvide nada, conocer en todo momento el estado de todos tus proyectos, … Es decir, algo que sustancialmente sea diferente a lo que obtenías antes y que aporte un salto cuantitativo y cualitativo en tu vida.

Por otro lado, los trucos son interpretaciones subjetivas de determinadas formas de actuar y, por tanto, lo que funciona a una persona puede que no te funcione a ti. Sus circunstancias, objetivos y necesidades pueden ser tan diferentes que aunque apliques con rigurosidad sus trucos a ti no te den un resultado similar.

Gracias a los trucos podrás ir salvando determinadas situaciones, pero me temo que no conseguirías un cambio importante y significativo sostenible en el tiempo. Por tanto, mi recomendación es que no inviertas mucho tiempo en buscar y replicar trucos que les funcionan a otros porque unas veces te servirán pero otras muchas no.

Realmente, la verdadera mejora de la eficiencia para las personas que desarrollamos nuestra actividad como trabajadores del conocimiento la vamos a encontrar en el desarrollo de hábitos productivos y en el uso de metodologías adaptadas a esta realidad en la que trabajamos y vivimos. Porque mientras sigas usando únicamente trucos y herramientas, te seguirás moviendo sobre la superficial e ineficiente punta del iceberg que es la mejora de tu productividad.