Empezar, hacer y aportar

Cuando comencé la universidad no sabía lo que tenía que hacer ni donde ir. Pero me presenté allí y comencé a hablar con unos y con otros.

Cuando comencé a trabajar no sabía lo que tenía que hacer. Pero me presenté en el trabajo y comencé a hacer cosas pensando en ayudar a mis compañeros y jefes.

Cuando comencé en ventas no tenía ni idea de que hacer. Pero me lancé y focalicé en aprender y aportar valor a mis clientes.

Cuando di mi primera charla sobre productividad personal no sabía lo que tenía que hacer. Estaba muy nervioso y sin embargo la hice con la intención de aportar lo máximo que pude a quienes asistieron.

Cuando impartí mi primera formación (y el resto durante años) tampoco sabía lo que tenía que hacer. Pero me presenté en la sala e hice lo mejor que pude para ayudar a mis clientes.

Cuando fui padre no sabía lo que tenía que hacer. Pero llegó el momento e hice lo mejor que pude para ayudar y cuidar a mi familia. Lo sigo intentando.

Cuando me lancé a mi negocio propio y dejé mi trabajo por cuenta ajena no tenía ni idea de qué tenía que hacer. Pero lo hice de todos modos, a pesar del miedo, e hice lo mejor que supe ayudando y aportando valor a mis clientes.

Cuando fui jefe de equipo no tenía ni idea de qué tenía que hacer. Pero asumí el reto, allí me presenté y lo hice de todos modos pensando en ayudar a mi equipo.

Y hoy en día sigo afrontando cosas en las que no sé qué hacer, pero me pongo con ello y hago lo mejor que sé y puedo en cada momento.

Comenzar es la primera mitad. Ponerte a hacerlo, de todos modos y aunque no sepas cómo, es la otra mitad.

Cada día de tu vida tiene incertidumbre.

Y tienes que transitar por ella.

No queda otra.

Es bueno.

Empieza, hazlo de todos modos y siempre con el objetivo de aportar a los demás.

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