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Efectividad personal: 5 hábitos que me ayudaron a mejorar

Mano con los cinco dedos extendidos y con caras sonrientes

Llevo muchos años, junto a mis colegas de OPTIMA LAB, investigando, experimentando y ayudando a mejorar la efectividad personal a multitud de profesionales de diversos perfiles en diferentes organizaciones.

Muchas veces, personas que asisten a los cursos y talleres que facilito, me preguntan sobre cuál es el mejor hábito para empezar a mejorar su efectividad personal.

Obviamente, esta pregunta tiene una única respuesta idéntica para todo el mundo: “Depende”.

Mejorar la efectividad es, aunque parezca obvio, muy personal. Cada persona está en una situación y tiene unas circunstancias concretas.

Además, mejorar la efectividad personal es un camino competencial. Para mejorar tu efectividad, de verdad, únicamente es necesario desarrollar una serie de hábitos y comportamientos concretos, claramente identificados y avalados por la ciencia.

A continuación me gustaría compartir en este post cuáles han sido cinco de los hábitos que, si miro hacia atrás en el tiempo, me marcaron a la hora de mejorar mi efectividad. Ahí van.

Tomar conciencia: mejorar es cuestión de hábitos

Quizás no sea un hábito en sí mismo, pero por la relevancia que tiene debe ser lo primero que, honestamente, comparta con vosotros.

Yo también dediqué mucho tiempo a buscar soluciones fáciles y rápidas. Ya vimos que es algo normal, aunque poco útil.

Al final, me di cuenta de que, como en cualquier cambio que merece la pena, hay que dedicar tiempo, atención y recursos para avanzar de manera solvente y sostenible.

Cuando finalmente lo comprendí, mi enfoque para cambiar y mejorar mi efectividad personal fue otro: sustituí las prisas por la paciencia; lo fácil por aprender y comprender qué tenía que cambiar; y lo cómodo por practicar una y otra vez hasta conseguir el cambio.

Aprovechar los niveles de energía

Muchas veces nos empeñamos en hacer determinadas tareas cuando no tenemos la energía ni la claridad mental para hacerlo.

Somos profesionales del conocimiento y la materia prima con la que trabajamos es nuestro conocimiento, nuestra experiencia, lo que sabemos y lo que aprendemos.

Nuestro trabajo requiere que nuestro cerebro esté en óptimas condiciones de atención y energía.

Agrupar tu trabajo en función de la energía que tienes es, sin duda, una manera realmente inteligente, y realista, de ayudar a mejorar tu eficiencia.

Cuando tengas poca energía, dedica tu atención a tareas que tenga sentido hacer cuando estás más cansado. Cuando estés con tu energía mental a tope, aprovecha para hacer esas tareas complicadas que requieren una atención más intensa.

Usar la lista “A la espera”

Sin duda, la lista de “A la espera” para mi fue uno de los grandes descubrimientos cuando empecé a trabajar con GTD®.

Tener un inventario de todo lo que había delegado, a quién lo había delegado y cuando lo había delegado me permitió sacar la cabeza por encima del agua en un momento profesional “exigente”.

Consultar ese inventario de manera regular me ayudó (y ayuda) hacer un seguimiento proactivo de todo lo pendiente por parte de terceras personas (compañeros, proveedores, clientes, jefes, pareja,…).

Capturar para decidir más adelante

Dar respuesta o hacer las cosas según aparecen en nuestro radar es algo instintivo en nuestra naturaleza humana.

Cuando esto ocurre, y suele ser la mayoría de las veces salvo que lo evitemos desarrollando los hábitos necesarios, es el Sistema 1 del que habla Daniel Kanheman el que toma las riendas de nuestros actos.

El Sistema 1 es un sistema de pensamiento es muy útil para muchas cosas, pero no es el mejor aliado para ayudarnos a pensar y decidir sobre nuestro trabajo, algo para lo que está mucho mejor preparado “el perezoso” Sistema 2.

Frente al impulso instintivo de reaccionar ante las cosas según aparecen, el hábito de capturar me ayudó a entender las ventajas enfriar el pensamiento.

Siempre que algo aparece en mi radar, capturo ese input: lo anoto si es un pensamiento, le tiro una foto si es una imagen que ha llamado mi atención o lo coloco en algún sitio (bandeja, carpeta,…) si es algo físico.

Lo importante es evitar decidir hacer algo con ello en ese mismo momento, porque ya sabes cuales suelen ser las consecuencias de decidir en caliente justo en el momento en el que aparecen las cosas.

Hacer la Revisión Semanal de todo mi sistema

Sí, reconozco que es un hábito que aún me cuesta y da pereza. Pero es un hábito fundamental.

Dedicar el tiempo necesario a revisar todo mi sistema de organización, actualizarlo, reflexionar sobre lo que contiene y ganar perspectiva sobre todo lo que tengo que hacer y, también, sobre lo que no voy a hacer me aporta seguridad y fiabilidad.

Conclusión

Los cinco hábitos que he compartido se recogen, de una manera u otra, dentro de la metodología de productividad personal GTD®.

Lo verdaderamente relevante es que no importa tanto cuáles sean los hábitos por los que empieces, sino que empieces por aquello que pueda resultarte más útil. Poco a poco, podrás ir incorporando “más piezas”.

La efectividad personal es un camino de transformación y cada persona debe decidir por dónde y cómo empezar. Me encantaría que también compartieses tu experiencia: ¿cuáles han sido los hábitos que más te han marcado a la hora de mejorar tu efectividad personal?

El primer paso para mejorar tu efectividad

Pergamino con texto "Do something different"

«Hay una luz al final de este túnel, pero para llegar hasta ella es preciso recorrerlo entero.»

David Allen, en «Sé más eficaz»

Nos gustan las cosas fáciles. No solo a nosotros, también a nuestro cerebro. Cuanto menos esfuerzo y menos cambio, mejor.

Nuestra maravillosa máquina evolutiva, la que nos diferencia del resto de seres vivos, es vaga por naturaleza y evita los cambios siempre que puede.

Por suerte, hay cosas que se solucionan o podemos cambiar de manera fácil y rápida. Esas situaciones son las que, por cómo somos, nos gustan y nos atraen.

Pero por muy fácil o rápido que quieras resolver un problema o una situación, a veces la solución real va en otra línea.

Existen situaciones que no se solucionan ni cambian así. Insistir en una pseudo-solución fácil y rápida para evitar afrontar un verdadero cambio es el camino más directo para permanecer exactamente dónde estás.

Muchas personas siguen buscando una solución fácil y rápida para mejorar, por fin, su efectividad personal. Y es un camino equivocado.

Quieren cambiar radicalmente su vida eliminando el estrés. Buscan organizarse mejor, dejar de reaccionar constantemente frente a imprevistos,  mejorar la calidad de su trabajo y conseguir, por fin, sensación de control sobre lo que tienen que hacer.

Pero parece que no siempre se está en disposición de afrontar lo que ese cambio supone.

¿De verdad crees que es posible una solución fácil y rápida que aporte todos esos beneficios a una persona?. No hay píldoras ni hierbas mágicas para mejorar tu efectividad personal.

Hay cambios que requieren esfuerzo y compromiso para conseguirlos. Curiosamente, suelen ser precisamente aquellos cambios que merece la pena conseguir.

En la mayoría de los casos, al margen de lo que pueda parecer, el trabajo que hay que hacer para conseguir esos cambios es sencillo. El reto está en insistir y tener paciencia, porque suelen ser cambios que llevan su tiempo.

Si te animas a mejorar tu efectividad, habrá momentos en los que tendrás ganas de abandonar porque los resultados que estés obteniendo sean diferentes a los que esperabas. También, muy probablemente, los retos que tengas que superar te pondrán a prueba más de una vez. Es algo normal y que nos pasa a todos los que hemos apostado por mejorar.

Pero, te guste o no, en el fondo sabes que la solución para ser una persona más efectiva y féliz está en aprender nuevos hábitos y comportamientos que te abrirán nuevas posibilidades.

¿Quieres que las cosas sean diferentes?. Haz las cosas de manera distinta. Sé que suena a tópico, pero es la realidad. Porque hacer cosas diferentes cuyo funcionamiento está demostrado es el primer paso para mejorar tu efectividad.

GTD: más sencillo de lo que crees

un persona mirando un panel en blanco con varias opciones

Necesitas algo diferente y que, de una vez, te sea útil. Al menos, que te haga sentir esa sensación de que, esta vez sí, has dado con algo diferente que puede ayudarte a cambiar tu situación.

Llevas mucho tiempo probando cosas de dudosa utilidad hasta la fecha. Son cosas que lees por ahí como «Mi método personal para el éxito productivo», «Mi metodología de productividad para gente como tú», «Los 10 tips fundamentales de toda persona productiva» o «PEOR (Productividad, Emprendimiento, Organización y Resultados), el método definitivo para despegar».  

Son ejemplos ficticios, espero. Pero válidos para lo que quiero expresar.

¿Métodos y técnicas personales válidas para todo el mundo?

Probablemente, esos métodos y técnicas personales sean válidos para las personas que los han creado. También, probablemente, estén basados en circunstancias propias de esas personas que muy poco o nada tengan que ver con las tuyas.

Creer y afirmar que algo vaya a funcionar a otras personas simplemente por el hecho de que te haya funcionado a ti es, por lo menos, digno de un egocentrismo sospechoso.

Además, es curioso como los resultados que ofrecen esos métodos y técnicas personales suelen ser inmediatos, infalibles e incuestionables. A lo que habría que añadir, en mi experiencia, también irreales, insuficientes e insostenibles.

Me gustaría dejar claro que soy de la opinión de que cada persona utilice aquello que le funcione, que ya somos mayorcitos. Pero que funcione de verdad.

Soluciones basadas en evidencias

Por todos es sabido que las investigaciones sobre neurociencia y ciencia cognitiva ha aportado importantes y relevantes avances en el conocimiento del funcionamiento del cerebro y comportamiento humano.

Muchos de estos avances han ayudado a validar científicamente muchas de las propuestas de GTD® para que las personas se organicen mejor, trabajen con enfoque y eliminen el estrés.

Por ello, podemos decir que GTD® es una alternativa de eficacia probada.

La reacción de algunas personas cuando toman contacto con GTD® es estar frente a algo complejo: capturar todo, pensar y decidir, organizar en listas, reflexionar, elegir para ejecutar,…

GTD®: sencillez para gestionar la complejidad

Si GTD® te parece complejo es porque tu vida es compleja. Si tu vida fuera sencilla, GTD® te parecería sencillo.

Te llegan inputs y cosas que atender constantemente, aunque ahora obvies muchas de ellas.

Tienes que pensar sobre todas esas cosas y tomar decisiones, aunque ahora no lo hagas.

En algún lugar tienes que poner recordatorios para que no se te olviden las cosas, por mucha memoria que creas tener,… Tu vida es aún más compleja de lo que parece.

GTD®, sencillamente, te muestra la realidad y, si tu vida es compleja, lo que te muestre GTD® te parecerá complejo.

Pero la realidad es que GTD® es algo sencillo, porque es un conjunto de comportamientos sencillos.

Conclusión

Frente a los ejemplos subjetivos que mencionaba al principio, GTD® propone mejores prácticas fácilmente aplicables y comportamientos concretos basados en ciencia cognitiva y neurociencia. Algo que utilizan personas de todo el mundo y de culturas muy diferentes desde hace muchos años.

Mejorar tu efectividad personal es importante, porque afecta a tu vida y a tu felicidad. Acudir a pseudo-soluciones es una pérdida de tiempo si realmente quieres cambiar algo y conseguir resultados diferentes y sostenibles.

Es cierto que GTD® requiere esfuerzo por tu parte, pero cualquier cambio que merece la pena lo requiere. Hacerlo con GTD® es más sencillo de lo que crees.

GTD: Estar por encima del agua

«La gente no consigue resultados porque prefiere hacer lo cómodo a lo necesario.» Jim Rohn

Mucha gente vive sobrepasada por las urgencias, por tanta información y por el constante cambio en el vivimos. Viven por debajo del agua.

Sentirse a flote y respirar por encima del agua es algo a lo que mucha gente aspira. Algunas personas creen que es difícil de alcanzar, pero muchas ya lo han conseguido.

Como dice David Allen, la diferencia entre tener la cabeza un palmo por encima del agua o un palmo por debajo es enorme. Pero lo que marca esa diferencia es mucho menos de lo que imaginas. Requiere menos esfuerzo de lo que se suele creer, es más sencillo de lo que parece y, lo más importante, únicamente depende de ti.

Porque estar debajo del agua y resignarte a vivir superado por las circunstancias, es un opción.

Afortunadamente, estar por encima de ella con sensación de control sobre todo lo que tienes que hacer, también lo es.

Lo único que necesitas para moverte de un punto a otro es el compromiso de querer cambiar.

Evita resignarte a estar por debajo del agua. Tienes todo un mundo de oportunidades esperándote. Hay personas que ya viven por encima del agua… y, en muchos casos, GTD® les ha ayudado a conseguirlo.

Poco a poco será suficiente

Mucha gente quiere conseguir de manera inmediata sus resultados. Y la mayoría de las veces, en estos casos, rápido es sinónimo de mal.

Generalmente, trabajar de manera acelerada es consecuencia de no haber empezado a trabajar antes. Se pierde criterio y perspectiva, y se desperdician recursos. Si finalmente consigues el resultado, no suele ser el deseado.

Empezar a trabajar en algo cuanto antes, después de pensar y decidir de manera objetiva sobre ello, es lo correcto. Hacerlo de otra manera hará que, probablemente, tengas que trabajar de manera estresante cuando se aproxime la fecha de entrega. Perderás efectividad en lo que haces.

Se trata de trabajar sin estrés empezando antes. Por muy lejos que parezca que está tu objetivo, normalmente está más cerca de lo que crees. Esa realidad imposible de controlar te lo suele poner difícil y es caprichosa con los imprevistos que tanto te disgustan.

Evita los atracones de última hora y prepárate, lo mejor posible, para las sorpresas. Porque si empiezas a trabajar antes, hacerlo poco a poco será suficiente para conseguir resultados sin estrés.